Un mal día en el Paraíso (la Tierruca)

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La verdad es que esta mañana nos podíamos haber quedado todos en la cama, apurando el puente hasta el último minuto. Y cuando digo todos, me refiero también a los estadísticos del paro, a los viejos dueños de la Pontificia y al señor Muguruza con sus mentores. Sirva este primer artículo semanal como desagravio general, que para eso se inventó la bitácora virtual.

Primera mala noticia: los datos del paro. Si alguien ha tenido paciencia y se ha leído todo, se habrá dado cuenta de que el titular habla de cifras mensuales (aumento de un 5,66% entre septiembre y octubre, el mayor de toda España después de Baleares) y el cuerpo de la noticia matiza que en términos interanuales (de octubre 2006 a octubre 2007) incluso estamos mejor que el resto (bajamos un 0,79% con 161 parados menos). La verdad es que el mensajero se podía haber quedado en casa junto con los demás por esta pequeña manipulación, pero hay que decir que, en el fondo, sigue siendo mala noticia. Por mucho que hablemos del efecto fin de verano, la cosa está muy malita en la construcción, que es el cimiento de nuestra economía junto con los servicios. Y ya he comentado alguna vez lo que pasa con el desarrollo cuando edificamos sobre arenas movedizas.

Segunda mala noticia: el proyecto del siglo debe cambiar de nombre. Y eso que los propietarios de la Pontificia se olvidaron devolvernos el nombre de la villa de Comillas cuando se marcharon. Como si a Botín le da por cambiar de sede fiscal y decide que mi ciudad natal ya no puede llamarse Santander. Ah, pero qué inocente soy: si no es un problema de patentes ni de marcas. Es que hay otros proyectos del siglo relacionados con el castellano. ¿A dónde tenemos que mirar? ¿A la Rioja? ¿A La Mancha? Ya sabía yo que con la competencia autonómica hemos topado. La España reconquistada no permitirá que su mayor tesoro cultural y económico se hospede en una tierruca olvidada. Nos jugamos lo que queramos a que los tiros van por ahí y no por la Compañía de Jesús. Amén.

Tercera mala noticia: otra vez La Marinera. Me refiero, claro, a Castro Urdiales, no a la trainera. Cuyo sobrevenido capitán pretende ahora cambiar de embarcación sobre la marcha y con todos sus remeros a bordo. Voy a utilizar la expresión favorita de ese señor que anda crispando a todo el mundo por las mañanas: ¿pero, qué se ha creído? Y no es la idea de montar una mancomunidad lo que me preocupa (a estas alturas de la película) sino la persona que se pone al frente de ella y las formas. Todo por el pueblo castreño pero sin los castreños. A partir de ahí, revisemos lo que nos queda de memoria histórica.

Definitivamente hoy no ha sido un buen día. Pero nos hemos despachado a gusto. Buena semana.
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