El Gobierno de Cantabria y el español tienen hoy algo en común: un tipo bajo sospecha pero con ideas al frente. Lo cual, si me permiten, viene muy bien a la oposición de turno y a los medios de comunicación: sería muy aburrido contar, simplemente, que el consejero o el ministro en cuestión tiene un proyecto serio que ofrecer y entonces se recurre al titular con retintín -Sebastián tiene un Plan- o al comentario con sorna feroz -no pidamos peras al Olmo. Triste, muy triste.

El caso es que hacía tiempo que no hablaba nada de la economía regional y veo que se acumulan las buenas noticias, todas con origen en el departamento de Industria. Preocupado me tenía el Puerto de Santander con la posible pérdida de un crucero en beneficio de Gijón, los problemas con la terminal del carbón y el estancamiento del tráfico de automóviles cuando parece que Astander tiene futuro con alguna que otra línea de negocio nueva en construcción de buques. La oposición no tardará en responder criticando el intervencionismo del Gobierno, como en el caso de la fábrica de fibroyeso de Orejo. Y no porque les moleste el empeño del ejecutivo regional por meter las narices en nuestras empresas y llevarlas de la manita de papá Del Olmo y mamá Lola, sino por la cosa de generar sospechas, que algo quedará.

En cambio, en el plano nacional la oposición política está demasiado ocupada masacrándose y no tendrá mucho que decir, pero ya se ocupa la oposición mediática de reírse de los planes del equipo de Zapatero. Me refiero al programa de Miguel Sebastián en cuanto a proyección exterior se refiere: exportar más caro -con productos y servicios de mayor valor añadido- para compensar nuestro eterno déficit exterior. En realidad, el mérito de nuestro amigo no es dar la idea (simplemente se continúa con lo que ya se venía haciendo) sino poner rostro político al nuevo patrón de crecimiento. Pero los que creen que los españoles sólo valemos para el ladrillo y el bar se lanzarán rápidamente a la yugular del ministro para neutralizarle a él con sus proyectos. Entre los que, por cierto, habrá que tomar buena nota del impulso al castellano como industria en sí misma porque nos interesa mucho a los cántabros y a nuestra Fundación Comillas.

Igual el tiempo concede la razón a los aguafiestas. Entonces habrá que resignarse y dedicarnos a lo que ya sabemos: a buscar suelo barato en Transilvania para especular con él y volver con los beneficios a disfrutar de nuestro marco incomparable.
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