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Es un lujo poder abrir tu blog después de una semana y encontrarte con el cara a cara entre los primeros espadas de la economía española. Sólo había tenido ocasión de oír algunas frases por la radio del autobús y, la verdad, no me creo que la parsimonia de Solbes haya tenido tanto éxito. Al fin y al cabo, en política no basta con tener ideas claras -y correctas-. Hay que echarle un poquito de desparpajo. Y de eso, vamos a ser ecuánimes, Pizarro anda más sobrado.

De todas formas, me alegro por el tono general del debate y porque el viejo Solbes se merecía ganar el envite. El chincha, chincha, estamos en crisis no va a ser el camino. Así que la famosa proclamación de Clinton es la economía, estúpido puede llegar a funcionar hasta con indicios de vacas flacas. Porque al ministro no le corresponde crear malos augurios -para eso estamos las moscas cojoneras de la blogosfera- pero sí diagnosticar la enfermedad y recetar la medicación justa: esto es una mala gripe y nos tomaremos algo para los síntomas, pero hay que sufrirla. Sin antibióticos. Y creando nuevas defensas para la próxima vez. Valga el símil.

Pues bien, en economía la gripe se llama desaceleración y sus síntomas (inflación, desempleo, parón productivo en algunos sectores clave, descenso del consumo y la inversión) sólo se pueden aminorar con remedios rápidos como los planes de choque, medidas activas de corto plazo como las ayudas sociales y el gasto en obras públicas ya presupuestadas y comprometidas. Tirar de antibióticos (reformas que necesitan de un plazo de ejecución más largo) podría dejarnos indefensos para el momento en que sí sean necesarios y tengamos margen para utilizarlos.

Una de esas reformas es la del mercado laboral. Hay expertos de ambos lados pidiendo o sugiriendo el despido libre. Y no hace falta tener mucha conciencia social para estar en contra de la vieja ocurrencia: sólo en España el empresario está más preocupado por los cuatro duros que le va a costar echar a un trabajador que por aprovechar la inversión en capital humano. Más grave cuando el currante ya viene con carrera, idiomas, informática y coche propio de serie. Por el otro lado, en un país de funcionarios como el nuestro, el despido libre sólo reforzaría el insano deseo por el trabajo fijo en la cosa pública, que tanto daño le está haciendo a nuestra productividad.

Propongo una reforma basada en un cambio de cultura económica, tanto por parte de los empresarios como de los trabajadores. Eso sí que nos va a proteger de todas las corrientes.

Buena semana. La próxima seguiremos hablando del Gobierno.
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