El retorno del inmigrante y la ampliación a 60 horas

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A falta de comprobar las reacciones de la oposición -no sé si se referían a esto cuando exigían medidas contundentes- el plan para devolver a un millón de inmigrantes con el subsidio por desempleo en dos pagos y las gracias por los servicios prestados es la prueba de que algo ha cambiado en la política del Gobierno. Atrás quedó la época de las vacas gordas donde hacía falta mano de obra a discreción. Ahora nos sobra población activa para cuadrar las estadísticas.

De acuerdo: el plan puede salir bien. Contribuirá a reducir algunos efectos de la crisis económica y hasta generará consenso político. Aunque utilizar la prestación por desempleo para tal fin podría reducir sus efectos como estabilizador automático de nuestra economía -no quiero parecer insensible pero ese dinero será a fondo perdido-. En cualquier caso, siempre he pensado que muchos no venían a España para quedarse, sino para regresar algún día con mejores posibilidades, y eso forma parte del mínimo de humanidad exigible para cualquiera. Además, ellos se la han ganado, siempre será mejor eso que la limosna.

A lo que voy. Ese cupo de activos reales o potenciales que nos vamos a sacar de las listas del paro en uno o dos vuelos puede jugarnos una mala pasada a largo plazo. Como siempre, vamos al revés que nuestros vecinos. ¿A que nadie adivina por qué en Europa están mentando la jornada de 60/65 horas? Pues algo tendrá que ver la falta de mano de obra cualificada que algunos países empiezan a notar. En España no vamos a tardar mucho más en ver el problema de la falta de oferta de trabajo (lo contrario del paro) y, de hecho, hay sectores donde ya lo viven en sus propias carnes como la consultoría o la sanidad (las 65 horas serían para las guardias).

El 95% de los autónomos, así como los seguratas y otros trabajadores con horario inconfesable, se reirán de la nueva jornada laboral. Yo creo que no es una buena noticia en términos sociales ni económicos: que nadie venga a convencerme de que la productividad es directamente proporcional a las horas metidas en una oficina. Y no nos engañemos, habrá que ver si el aumento de sueldo mejora nuestra calidad de vida o la empeora.

Lógicamente no espero que un albañil ecuatoriano -ni tampoco el español- se reconvierta a consultor de traje y corbata. Pero habrá que buscar la manera de adecuar la formación de los jóvenes a las necesidades de nuestra economía, con una planificación de corto, medio y largo plazo. De lo contrario, volveremos a recibir nuevas oleadas de trabajadores importados y, esta vez, saldrán mucho más caros.
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