Un alto cargo del gobierno ha comentado que el problema de la vivienda en España puede ser un catarro que se curaría con una aspirina o una pulmonía de libro que precisaría tratamiento antibiótico. Leo la soberbia ocurrencia en Cinco Días, junto con un resumen de las recetas que ha ido expidiendo el gobierno, cual médico, en los dos últimos meses.

De momento, la enfermedad parece ser cuestión de oferta-demanda y su tratamiento puede encontrarse en mis apuntes de macroeconomía de primero. En efecto, si lo que queremos conseguir es un precio de equilibrio razonable, en el que no quede expulsada del mercado la mitad de la población en edad de merecer, habrá que cargar las tintas en la oferta. Para ello, ya tenemos incentivos y deducciones fiscales al propietario -sea un casero aislado o un promotor-, seguros y mejoras legales para evitar que el negocio de alquilar se convierta en una ruina y disposición de suelo para edificar viviendas nuevas en alquiler libre o protegido. Por contra, en el lado de la demanda están las ayudas de los 210 euros, publicitadas a bombo y platillo y criticadas por todos los sectores implicados, a pesar de que su concesión estará muy condicionada, así como las deducciones fiscales al inquilino, que han sido recortadas y moduladas esta semana. Entiendo que estas medidas sobre la demanda pretenden que el ajuste del mercado no sea brusco y conceder un pequeño respiro a aquellos que no pueden esperar a que el mercado se ajuste.

Con todo lo anterior, dudo mucho que veamos colas de nuevos inquilinos, y menos en Madrid, donde el equipo de la pseudo-liberal presidenta Aguirre ha dicho que van a hacer lo que les dé la gana, con acento de Chamberí incorporado. Señal de que aceptar los planes monclovitas podría dar al traste con su idea de que el ladrillo en propiedad debe seguir tirando del desarrollo a costa de quien sea.

Y ahora me pregunto: ¿y si el problema no fuera de oferta y demanda? O lo que es peor: ¿y si la aspirina de las medidas de mercado ya no tuviera la credibilidad suficiente como para curar el catarro? Entonces habría que dar la razón a los que llevan meses pidiendo expropiaciones controladas, IBIs confiscatorios y cadena perpetua para dueños de grifos hipotecarios usureros. Pero, como dice la última campaña de Sanidad, un antibiótico utilizado en exceso puede hacerlo ineficaz en el futuro, cuando realmente sea necesario. Así que propongo una última oportunidad para la aspirina, aunque tarde en hacer efecto.
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