Creo que el "momento niña" ya está bastante explotado en la blogosfera y me desmarco del chiste fácil. No sea que luego venga alguno con el "momento imbécil". No es una dinámica muy constructiva que digamos. Pero hay que reconocer que Rajoy me hizo saltar alguna lágrima con su conclusión en el monólogo -perdón, debate- del lunes pasado. Y que fue apasionante el baile de cifras manipuladas al gusto de cada uno. Ese dato de inflación media de legislatura (!) esgrimido por Zapatero. Y aquel dato de paro en cifras absolutas (!) espetado por Rajoy. Pasemos página.

Ha pasado desapercibido y a mí, que me encanta la Teoría de Juegos, me ha parecido digno de comentar el nuevo sistema para delatar cárteles. A falta de constatar si la idea ya funciona en otros países, me parece una estupenda forma de resolver el dilema del prisionero: chivarse o no de su cómplice, con la corrosiva e inquietante duda sobre lo que se le pasará al otro por la cabeza. En el momento en que el primero que se chive gana, se acabó el juego, el dilema y, lo esencial, el delito y la tentación de llevarlo a cabo. Insisto en que habrá que esperar los resultados. De momento, hay que aplaudir la ocurrencia, que ya ha puesto con el trasero al aire a un par de "pactos entre caballeros".

Seguro que a todos se nos vienen a la mente tres o cuatro ejemplos de esos acuerdos entre empresas, que falsean la competencia y el funcionamiento del mercado. Es curioso que esta ley salga de un gobierno socialista -algunos dicen que marxista-. Y que la derecha de este país dedicara tantos esfuerzos a privatizar y tan pocos a facilitar la competencia real y el libre albedrío entre oferta y demanda. Así que no nos extrañe que de aquellos polvos tengamos ahora lodazales de abusos en sectores como la telefonía móvil, el transporte aéreo y la banca. Para que nos vengan exigiendo reformas y otros antibióticos.

Prefiero un gobierno que piense mal del mercado (porque acertará, como dice el refrán) que uno de pseudo-liberales incapaces de hacerlo funcionar como Dios y Adam Smith mandan. Que luego van de clásicos y de ortodoxos.
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