Este es el reproche más repetido en la blogosfera económica en los últimos días. Todos los economistas, expresa o tácitamente, veíamos venir la desaceleración de la economía española desde antes del verano pasado, aunque no todos con los mismos argumentos. Admitamos con humildad que casi nadie esperábamos que el encendedor iba a ser un credit crunch sobrevenido desde la economía más enladrillada del mundo. En los mejores tiempos de la ingeniería financiera que permitió, durante años, crear dinero ilimitado sin que los indicadores macro se despeinasen.

En cualquier caso, la función de los economistas no es decir ya te lo advertí ni poner etiquetas semánticas al problema. Por cierto, seamos responsables con la elección de las palabras: el término crisis -ya sea utilizado de forma peyorativa o como oportunidad de cambio- no deja de ser subjetivo y abierto a percepciones cualitativas; por el contrario, hablar de recesión ya son palabros mayores que precisan de datos objetivos, en concreto crecimiento negativo y destrucción neta de puestos de trabajo. Cosa que no ha ocurrido todavía.

Tampoco nos toca a los economistas hacer apuestas sobre la duración de la desaceleración-crisis-recesión (yo creo que no hay razones para que se alargue más allá del 2009). Lo que sí debemos hacer es proponer medidas, especialmente de largo plazo, para no volver a tropezar en la misma piedra. Y me parece muy grave que algunos se dediquen a hablar de demandas embalsadas como si los agentes económicos fuéramos buitres o leñadores de árboles caídos. Cierto es que la economía española vive atrapada por la cultura de la propiedad y eso no será fácil cambiarlo. Pero la mejor reforma estructural que se puede emprender en España es la del mercado de alquiler. Y en ese sentido creo que es de ley felicitar al Gobierno por su interés en facilitar la salida de pisos vacíos, aunque sea con medidas impopulares como los desahucios rápidos y la desaparición del mínimo de 5 años. El buen funcionamiento de un mercado es imprescindible para impedir la formación de burbujas en mercados conectados. Y el inmobiliario es -nunca mejor dicho- la piedra angular del sistema ya que condiciona la disponibilidad de renta para el consumo y/o el ahorro, la movilidad laboral, la creación de empresas con valor añadido y la liberación de recursos para inversiones necesarias a largo plazo pero menos apetecibles a plazo inmediato.

Cuando nos enfrentemos a la siguiente crisis económica, de nada servirá decir: te advertí que había demanda embalsada. Por lo tanto, aprovechemos la poca o mucha influencia de nuestros blogs para presionar en favor de medidas eficaces y útiles.
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