La rabieta del G-14 (o la profecía que no se va a autocumplir)

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Del G-14 y de la madre que los parió a todos. Se trata de ese grupúsculo con pretensiones medievo-monopolísticas que llevan un montón de tiempo con el ladrillo español (el de mayor valor añadido en Europa) y se resisten a dejar de salir en la foto. Entre ellos, algunos de los que han salido en estampida de la CEOE cántabra, de muy malas maneras y con portazo.
 

Avisan de una subida vertiginosa de la vivienda en 2009 si no se les mima con nuevas facilidades para levantar sus tinglados en plazos más ventajosos y con menos burocracia. Y nos dan de margen lo que queda del 2007 y el 2008 entero para ponernos todos a comprar como condenados ante el trago de su última voluntad. Para, de ese modo, meter un nuevo gol a Galbraith y compañeros estudiosos de las expectativas racionales en un escenario de absoluta falta de credibilidad política. O para los profanos en historia económica: para que una predicción se cumpla, hay que engañar a un rebaño lo suficientemente grande para que te haga el trabajo sucio. Y luego echarle la culpa al gobierno de la mala reputación de la clase política.
 

Señores del gecatorce. A mí no me salen las cuentas. Entiendo que necesitan ovejas para conciliar el sueño. Pero el euribor se ha tranquilizado y las inmobiliarias no han notado el más mínimo movimiento. El grifo del banco ni siquiera gotea. La oficina del paro acaba de dar una mala noticia que no tiene visos de ser la última. Las infraestructuras, esas grandes coartadas para invertir, se retrasan. Los inmigrantes con posibles igual no duran dos días aquí (claro que siempre les quedarán las pateras). Y la base de la pirámide, imprescindible para que un bien de primera necesidad se revalorice, no va a volver a incorporarse al mercado por mucho que Z. suba el salario mínimo. No quiero hablar de largos plazos, porque me extiendo y puedo resultar cansino.
 

Ahora miren sus contabilidades de costes. No tienen muy buena pinta. Eso sí es un problema. Para ustedes, claro. Así que cada palo que aguante su vela.
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