Pensamientos liberales auténticos (VIII): de las tres libertades económicas

Decía en mi decálogo que un auténtico liberal, en contra de lo que piensan la mayoría de los que se proclaman como tales -igual me da que sean conversos o arrepentidos, como los llama el profesor Gustavo Mata- defiende todas las libre-circulaciones, a saber: la de capitales, la de mercancías y la de personas. Y además con todas las consecuencias. Ya sé que la rabiosa actualidad me lo pone difícil.

Comprenderéis que me alegre del fracaso del Mega-Rescate en el mismísimo Congreso de los Estados Unidos de América, gracias a un grupo de republicanos rebeldes. Ahora sí me creo que algo está cambiando en el desorden económico mundial. Aunque se trata de una decisión lógica: no se nos puede vender que la única salida a una crisis de confianza pase por desangrar las arcas públicas para salvar unos balances bancarios que, por definición, siempre tienen falta de liquidez -prometo un apunte teórico sobre el tema en breve-. Como tampoco es lógico prestar dinero para salvar el circulante de las empresas porque entonces, el ahorro no se convertirá nunca en inversión. De lo que se trata es de convertir el actual círculo vicioso (si yo te rescato para sobrevivir, entonces tú dejas de pensar a largo plazo) en virtuoso (tú te aprietas el cinturón y ahorras y yo canalizo tu dinero para crecer). Así que, viva la (auténtica) libre circulación de capitales.

Por lo que respecta a la libre circulación de bienes, no veo grandes avances y el presidente de la Organización Mundial de Comercio nos lo recuerda: hay que abrir las fronteras para permitir a los países del Sur participar en el mercado. Compatible con la dignidad humana y las buenas prácticas, que nadie utilice el asunto de la melamina china en la leche. Lo demuestran las experiencias del comercio justo y de los microcréditos, si bien considero tomarnos este tipo de iniciativas como soluciones transitorias: lo verdaderamente justo sería dejar que prospere una sana economía mundial de mercado basada en el trabajo y no en la especulación. Vaya, acabo de darme cuenta de que Sarkozy y yo estamos de acuerdo en esto: un capitalismo con fundamentos éticos.

Y, claro, la coherencia máxima consiste en defender la libre circulación de personas, pero sin tarjetas azules -aquí pidiendo la congelación salarial y el despido libre para ser más competitivos y la UE buscando soluciones a la falta de personal cualificado y bien pagado-. Entiendo que los seres humanos somos egoístas por naturaleza, pero no es defendible la sobreprotección de economías basadas en el trabajo funcionario, en la baja productividad y en el rechazo sistemático de las nuevas tecnologías y el idioma extranjero. Si queremos superar a Francia en renta per capita vamos a necesitar un buen vuelco cultural. O eso, o volver a potenciar la especulación inmobiliaria.

Siento haberme extendido, pero después de una semana de infarto laboral tenía "mono" de blog. Y mientras el Parlamento Europeo me deje expresarme sin barreras por este medio, pues lo aprovecharé. Quizá en un par de años tenga que añadir la libre circulación de ideas como cuarta libertad económica.
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