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7 hábitos de los inversores de éxito: El mayor riesgo es no querer correr ningún riesgo

Hay ciertos patrones en la manera de invertir que implican mayores probabilidades de tener éxito en las inversiones, la gestora de fondos Allianz Global Investors ha querido resumir estas conductas o pautas en 7 hábitos, aunque sin duda el mejor consejo a la hora de invertir es tener un horizonte de largo plazo y ser racional en la toma de decisiones. 


Hábito 1: Conócete a ti mismo y cuestiona tu forma de invertir


El Behavioral Economics nos llevan siempre a una misma conclusión: nuestro cerebro es la culminación de un proceso de desarrollo que ha durado miles de años. En consecuencia, aún hoy tendemos a mostrar patrones de conducta de la Edad de Piedra, que no siempre pueden explicarse racionalmente.

Así, a menudo vemos el mundo (de las inversiones) dentro de un determinado marco, es decir, vemos lo que queremos ver y, como resultado, a veces excluimos alternativas mejores. Tendemos a “seguir a la manada” o a actuar impulsados por estados de ánimo que son precisamente los que llevan a los inversores a ir del miedo a la avaricia, y viceversa.
También es muy común la aversión a las pérdidas

 

Pensar que se trata solo de pérdidas contables: esperaré a que las cotizaciones vuelvan al nivel en que se encontraban cuando invertí y, entonces, venderé; esto es ilusorio.

En la mayoría de los casos es mejor seguir la sabiduría de los indios dakotas, a los que se les atribuye esta máxima: “Si el caballo está muerto, desmonta”. Es común encontrarse con inversores que compraron una determinada acción a principios de la década de 2000 por 60 u 80 euros y están esperando a que su cotización vuelva a esos niveles. Si hubiesen vendido y cambiado a una cesta amplia de renta variable alemana y europea, ya se habrían recuperado con creces de aquellas caídas de cotización. La consecuencia es que llevan más de una década dejando escapar revalorizaciones

patron conducta inversion



El conocido Behavioral Finance (teoría financiera de las ciencias del comportamiento) es un enfoque cada día más popular en el ámbito de las inversiones. Los fundamentos de la teoría de las finanzas conductuales se basan en las obras de Daniel Kahneman y Amos Tversky. En su “teoría prospectiva” estos formularon – desde una perspectiva psicológica – una alternativa al supuesto, aceptado hasta el momento, de que el ser humano, como homo economicus, toma decisiones puramente racionales. Estos dos psicólogos lograron demostrar patrones de conducta que no pueden explicarse racionalmente. Probablemente la teoría prospectiva halló cabida en la investigación financiera gracias a Richard Thaler, quien aplicó los hallazgos de Daniel Kahneman y Amos Tversky a las inversiones, lo que condujo al nacimiento de la teoría de la Behavioral Finance.

 

Hábito 2: la conservación del poder adquisitivo, y no la seguridad, debería regir la decisión de inversión


Actualmente parece que todo gira en torno al tema “seguridad”, entendiéndose a menudo por la ausencia de fluctuaciones de las cotizaciones. En los últimos años hemos visto que invertir en el mercado de renta variable puede ser como un viaje en la montaña rusa. Por eso es comprensible que los inversores quieran evitar las fluctuaciones de las cotizaciones. Sin embargo, pasan por alto el riesgo de sufrir una pérdida real de poder adquisitivo, lo cual es todavía más desagradable si consideramos que en la actualidad los tipos de interés de las cuentas de ahorro son prácticamente nulos.

Tampoco los bonos soberanos sirven ya. A finales de 2017, cerca del 45% de todos los bonos soberanos de la zona euro ofrecían rendimientos negativos. En este contexto, “seguridad” solo significa que el inversor puede estar seguro de que recibirá menos de lo que invirtió inicialmente.

Quien quiera conservar su capital no puede tener entre sus exigencias principales la ausencia de fluctuaciones de las cotizaciones, sino que su exigencia mínima a la hora de invertir debería ser, más bien, la “conservación del poder adquisitivo”.

El mayor riesgo es no querer correr ningún riesgo.

inflacion

Hábito 3: la ley fundamental de las inversiones es ir a por las primas de riesgo

Los inversores de éxito lo saben: sin riesgo no hay primas de riesgo; esta es la verdadera ley fundamental de toda inversión. La lógica subyacente es que todo aquel que invierte asumiendo un mayor riesgo debería poder esperar que, con el tiempo, esas inversiones generen una rentabilidad mayor que otras inversiones alternativas carentes de riesgo y que, por tanto, prometen menos beneficios. En el siguiente gráfico se muestra qué primas de riesgo cabe atribuir a las distintas clases de activo. 

riesgos primas

Son esclarecedoras las series temporales históricas largas, como las que existen del mercado de renta variable estadounidense. Estas muestran que la expectativa de obtener una prima de riesgo no ha dejado de cumplirse, aunque invertir en acciones de EEUU no se haya recompensado en igual medida en todos los periodos. Si se compara la prima de riesgo de las acciones de EEUU con los bonos soberanos de ese mismo país a 30 años, a lo largo de periodos de 30 años, desde el inicio de las series temporales disponibles (1801) hasta el fin de 2017, vemos que, por término medio, en todos los periodos de 30 años se ha conseguido una prima de riesgo de 3,7 puntos porcentuales. El peor periodo de 30 años fue el comprendido entre 1981 y 2011, con una prima de riesgo media de – 0,85 puntos porcentuales. El mejor periodo fue el comprendido entre 1943 y 1973, con una prima de riesgo de 11 puntos porcentuales. 

El estudio del periodo de tiempo completo, comprendido entre 1801 y el fin de 2017, revela muy claramente cuál fue el efecto de las primas de riesgo de las acciones. Si en 1801 un inversor hubiese invertido un dólar estadounidense en bonos soberanos de ese país, llegado el fin de 2017 habría ganado algo más de 1.500 USD, y eso tras el ajuste por poder adquisitivo. En el mismo periodo, con una inversión en acciones habría ganado más de 1,8 millones de USD. Por supuesto, la historia no se repite, pero podemos aprender mucho de ella. La lección es que la asunción de mayores riesgos se recompensó a ojos vistas en el caso de las acciones. Teniendo en cuenta el poder adquisitivo, la renta variable ha ofrecido más seguridad que la renta fija.

prima de riesgo

Hábito 4: invertir antes que especular


No hace falta ser un experto y seguir de continuo la evolución de las cotizaciones y los acontecimientos del mercado para identificar los momentos oportunos para invertir y desinvertir. Por desgracia, en bolsa nadie toca la campana para avisarnos de cuándo entrar o salir de una inversión. Lo bueno es que el que quiere hacer crecer su capital a largo plazo no especula, sino que invierte.

Especular: apostar a corto plazo por movimientos de las cotizaciones.

Invertir: poner nuestro dinero a trabajar de medio a largo plazo.


En el siguiente gráfico se explica la diferencia con diferentes segmentos del mercado de renta variable:

invertir renta variable

Tomemos el ejemplo de la renta variable europea: los que en los últimos 25 años invirtieron en una cesta bien diversificada de acciones europeas consiguieron, por término medio, una rentabilidad de casi el 8,7%. Si se hubieran perdido las mejores 20 jornadas de la bolsa, a la espera de cotizaciones más ventajosas para entrar, solo habrían obtenido una rentabilidad de menos del 2,5%. Y si se hubieran perdido las mejores 40 jornadas, habrían sufrido una pérdida del 1,5% anual por término medio.

 

Hábito 5: comprométete con tu inversión


Ulises, el héroe homérico de la mitología griega, tenía la reputación de ser hombre más inteligente de su época. En la Odisea, tiene que superar una larga serie de peligros. Uno de los desafíos a los que se enfrenta es pasar junto a la isla de las Sirenas sin sufrir ningún daño. Las sirenas son conocidas por sus bellos cantos, que tienen un único propósito: atraer a los navegantes hacia los arrecifes de la isla, para que naufraguen y mueran. Ulises quiere sobrevivir al paso de la isla, pero, al mismo tiempo, quiere escuchar el canto de las sirenas. La solución que encuentra es tapar con cera los oídos de sus compañeros y hacerse atar al mástil de la galera. Por mucho que luche por librarse de sus ataduras, los marineros no pueden oír nada y logran que la nave supere, salva, la isla de las Sirenas. 

A los inversores se les ofrecen tres formas de compromiso:

  1. Distribuir la inversión entre las diversas clases de activo teniendo en cuenta aspectos estratégicos a largo plazo. La estrategia es más importante que la táctica: definir una asignación estratégica entre acciones y bonos según el propio perfil de riesgo y navegar con ella por las turbulentas aguas de los mercados de capitales. Una buena orientación sobre la proporción adecuada de renta variable que debe contener la cartera es la fórmula genérica "100 – x", esto es: 100 – edad. Así, un inversor de 50 años de edad fijaría el porcentaje de acciones en un 50%.
  2. A este respecto, la regla general es no jugárselo todo a una carta; en otras palabras, diversificar. "Nunca apuestes todo a una carta" no tiene mucho sentido estar siempre buscando la inversión acertada y realizar continuos cambios en la cartera. Vale la pena echar un vistazo al ranking de diez distintas clases de inversión y sus resultados de los últimos 16 años.
  3. Invertir regularmente. Si bien no existe garantía alguna de que vaya a lograrse una determinada rentabilidad, sí se pueden combinar con acierto tres efectos: efecto de la diversificación, el efecto del coste medio y el efecto de la capitalización de los intereses.

rentabilidad activos durante 16 años

 

Hábito 6: no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy


Según cifras del Bundesbank, miles de millones de euros en activos monetarios están parados en libretas de ahorro y depósitos bancarios. Y, sin embargo, el horizonte de inversión y el efecto de la capitalización de los intereses, son unos de los factores más decisivos para el éxito de toda inversión. En un plan de ahorro, el efecto de la capitalización de los intereses se pone otra vez de manifiesto desde una perspectiva diferente.

Tomemos el siguiente ejemplo: Un inversor quiere disponer de 100.000 euros al alcanzar la edad de jubilación. Si empieza muy pronto y dispone de 36 años para lograr su objetivo, con una rentabilidad media del 7,5% bastará con que ahorre 50 euros mensuales. Si solo dispone de 12 años, cada mes tendrá que apartar 400 euros (véase el gráfico 8). Seguramente ya se habrá percatado: en la rentabilidad del 7,5% del plan de ahorro va incluida una notable prima de riesgo. Con una libreta de ahorro no es posible conseguir ese rendimiento 

capitalizacion compuesta

Hábito 7: apostar por la gestión activa


Quien se decide por la gestión activa no solo apuesta por que los profesionales que gestionan el fondo generen una rentabilidad adicional. Además, corre menos peligro de que en su cartera permanezcan “caballos muertos”, es decir, acciones que en un momento dado fueron las favoritas de la bolsa. Y es que la gestión pasiva no hace sino representar el ayer. Si observamos el gráfico 9, en el que se muestra la importancia de los distintos sectores del mercado global de renta variable a lo largo de las décadas, nos llama la atención lo siguiente: cuando han estado de moda determinados sectores, su representación en los pertinentes índices ha aumentado, debido a la creciente capitalización bursátil de las correspondientes acciones. Si eso se deja así, puede ocurrir que el porcentaje representado por algunos sectores en una cartera de gestión pasiva sea muy alto, justo cuando menos interesa estar invertido en ellos. Pensemos en el fin de la burbuja de inversión en valores de los sectores de tecnologías, medios de comunicación social y telecomunicaciones (TMT), o en la crisis inmobiliaria estadounidense, que en torno a 2008 afectó con especial gravedad a los valores financieros. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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  1. #1
    siemprealcista

    Da miedo la razón que tienes!


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