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Ethenea: Los límites del «punto óptimo»

Ethenea nos da su visión sobre el mercado actual. El artículo trata sobre que aunque los datos apuntan a un crecimiento continuo, apoyado por el alto nivel de confianza de los inversores y el bajo nivel del índice VIX, existen cinco riesgos principales que pueden hacer que la situación cambie drásticamente. En el texto se desgranan y explican dichos riesgos y las consecuencias que se podrían producir si se materializaran.

Yves Longchamp, Head of Research de Ethenea

Ethenea

Nuestro escenario macroeconómico apenas ha cambiado durante el verano. Los datos apuntan a un crecimiento continuo, apoyado por el alto nivel de confianza de los inversores y el bajo nivel del índice VIX. Nos encontramos, de hecho, en un «Sweet Spot», un punto óptimo.

Pero queremos reafirmar nuestra perspectiva constructiva y centrarnos en los cinco riesgos que podrían cambiar drásticamente el panorama en cualquier momento. Según nuestras cifras, la zona euro alcanzará el mejor rendimiento en un futuro cercano, seguido de Japón, Estados Unidos y China. Este dato puede resultar sorprendente si tenemos en cuenta que el crecimiento de la zona euro representa solo un tercio del crecimiento de China. Es cierto pero, en este contexto, el criterio decisivo para nosotros es que estas dos zonas tienen potenciales de crecimiento muy diferentes. En otras palabras, el crecimiento de la zona euro es más fuerte de lo esperado y se está acelerando, mientras que el crecimiento de China se encuentra cerca de su potencial, aunque sin alcanzarlo, y se mantiene estable. Esto indica una lenta desaceleración de china, un aterrizaje suave. Este contexto contrasta con el vivido a principios de 2016, cuando se esperaba un aterrizaje brusco y una importante corrección bursátil mundial.

La inflación se ha estabilizado a nivel mundial y ha aumentado ligeramente en algunos países. El riesgo de deflación ha desaparecido y la inflación no ha repuntado. Por lo tanto, el marco macroeconómico ofrece margen para la normalización de la política monetaria.

Finalmente, las tasas de desempleo están disminuyendo en todas las economías capitalistas. En Japón y EEUU, se encuentra prácticamente en su nivel más bajo del siglo, lo que plantea la cuestión de la fase del ciclo. La economía estadounidense se encuentra en una fase tardía de su ciclo, pero que todavía es demasiado pronto para preocuparse. En conjunto, los últimos datos sugieren que la economía mundial ha alcanzado el «punto óptimo» y que, en la actualidad, no hay indicios de un rápido final de esta fase. Aunque estamos satisfechos con esta situación, terminará en algún momento, y debemos estar preparados. Estamos observando muy de cerca cinco indicadores. Basándonos en los resultados de nuestro análisis, el deterioro de cualquiera de ellos podría alterar las perspectivas económicas y, por ende, el entorno de inversión.

En primer lugar, los decepcionantes indicadores iniciales pondrían en tela de juicio la fase del ciclo. En EEUU, podría significar un aumento del desempleo y una caída del consumo que impulsa la recuperación. En Europa, podría traer malos recuerdos, cuestiones como qué tipo de política fiscal pueden aplicar los países muy endeudados y qué medidas podría implementar el BCE. En China, la especulación sobre un aterrizaje brusco y una reducción de la deuda a gran escala podría socavar una vez más la confianza de los inversores.

En segundo lugar, un aumento sostenido de la inflación por encima del objetivo de los bancos centrales les obligaría a responder y a subir los tipos más rápido de lo previsto. Dada la magnitud de la deuda mundial, los hogares, las empresas y los gobiernos se verían bajo presión. Además, daría lugar a una corrección en los mercados de renta fija y variable.

En tercer lugar, un movimiento al alza en la curva de rendimientos por razones distintas de la inflación –por ejemplo, una normalización demasiado rápida de la política monetaria, un debilitamiento de la confianza en los bancos centrales, una fuerte devaluación de la moneda, un choque político– daría lugar a una situación similar a la descrita en el párrafo anterior.

En cuarto lugar, el deterioro del ciclo crediticio chino puede tener un impacto negativo en el sistema financiero. Los precios inmobiliarios caerían, las empresas endeudadas fuera del sector financiero se verían obligadas a reducir deuda y la moneda se vería sometida a presión. Se pondrían de relieve las debilidades del sistema bancario tradicional y del sistema no tradicional. Y por supuesto, la economía global y los mercados financieros mundiales se verían afectados.

En última instancia, un nuevo deterioro del impulso crediticio, es decir, la tasa de crecimiento de los préstamos, marcaría el final del ya débil ciclo de inversión. En Europa y EEUU el impulso ya es negativo, pero las inversiones se mantienen. Un nuevo deterioro sin duda acercaría más el esperado comienzo de la próxima recesión, un resultado que tampoco sería bien recibido.



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