¿Hay alguna buena noticia para los inversores?

¿Hay alguna buena noticia para los inversores?

Con el informe mensual de SYZ para este mes de junio, obtenemos una visión global de nuestro entorno económico. Veremos como se está viendo afectado el Reino Unido por la incertidumbre posterior al resultado del referéndum o como Estados Unidos está mostrando signos inesperados de debilidad. Un sentimiento deprimido y unas valoraciones algo más baratas brindan claramente una oportunidad para añadir riesgo a nuestras carteras tácticamente. 

 

El referéndum británico sobre la permanencia del país en la Unión Europea ha abierto una caja de Pandora y ha hecho que cundan la incertidumbre, el temor y la preocupación en las plazas financieras de todo el mundo.
Realmente no es que haya un gran aumento de la probabilidad de recesión mundial ni escasez de liquidez, sino más bien una enorme prima de riesgo político, que ha pasado a impregnar todos los activos de inversión. Desde el próximo referéndum en Italia sobre la reforma del senado en octubre hasta las elecciones presidenciales de Estados Unidos en noviembre, pasando por los comicios en Francia y Alemania el próximo año, esta victoria sin precedentes y a contracorriente de la voluntad de las instituciones ha sembrado dudas acerca del futuro del Reino Unido, la Unión Europea y, en alguna medida, acerca de los límites de la globalización y las desigualdades.


En un contexto complejo de crecimiento mundial decepcionante y apocado y unas políticas monetarias extraordinariamente heterodoxas, las ondas del mazazo geopolítico han magnificado el temor a lo desconocido. ¿Hay alguna buena noticia para los inversores? Sí, porque la volatilidad brinda oportunidades. Muy a menudo, sin embargo, tendemos a centrarnos más en defender y proteger nuestras carteras más que en fijarnos en rentabilidades futuras. Es algo muy natural en tiempos difíciles. Como yo, es posible que haya caído varias veces en esa trampa, en especial cuando uno es demasiado complaciente con los riesgos respecto a las valoraciones (léase ‘demasiado codicioso’). Pero esta vez es algo diferente para nosotros, ya que nuestras carteras ya estaban posicionadas a la defensiva en modo «catenaccio»: ya habíamos visto que las valoraciones descontaban de sobra el riesgo de Brexit, que ahora se ha materializado.


Por ende, creemos que ya es hora de mostrar tanta valentía como los vikingos islandeses que han eliminado a Inglaterra de la Eurocopa, que seguramente sentían mariposas en el estómago antes del pitido inicial al igual que las sentimos nosotros hoy. El reto era mayúsculo, la estadística estaba en su contra pero fueron humildes, intrépidos y suficientemente realistas como para ganar. Inspirémonos en ellos y superemos nuestro temor y preocupación para volver a añadir algo de riesgo a nuestras carteras, selectiva y tácticamente.

Un vistazo al entorno económico

Recientemente han aparecido tendencias regionales divergentes dentro de lo que era un entorno de crecimiento mundial escaso pero positivo y relativamente estable. Las economías emergentes están estabilizándose o recuperándose. Japón se debate por escabullirse de la pesadilla de la deflación. La zona euro sigue en medio de su ciclo de expansión. Reino Unido ya se está viendo afectado por la incertidumbre posterior al resultado del referéndum. Y Estados Unidos está mostrando signos inesperados de debilidad que perturban las tendencias de crecimiento. En este contexto, y con los precios de las materias primas aún en ascenso, la inflación mundial va en lento aumento, pero sigue siendo muy baja.

PMI Manufacturero


Crecimiento


La divergencia entre tendencias de crecimiento regionales refleja unas dinámicas de consumo doméstico diferentes. Mientras el consumo y la inversión se hallan aún en Europa en una «fase temprana del ciclo», recuperándose tras un largo período de compresión, en Estados Unidos cada vez tienen más aspecto de «fase tardía del ciclo» tras siete años de expansión. Lo preocupante para la economía mundial es que el consumo doméstico de Estados Unidos ha sido garantía de crecimiento mundial en los últimos años, ofreciendo una fuente mínima de resiliente demanda externa. Habrá que ver cómo se las apañará el resto del mundo con un crecimiento doméstico estadounidense más suave, por no hablar de una tesitura más negativa (por ahora nos abstendremos de mencionar esa palabreja que empieza por erre).


Inflación


La tendencia alcista de precios del petróleo y las materias primas seguirá sin duda empujando al alza la tasa de inflación general en los próximos meses. Sin embargo, más allá de la disipación de los efectos de base, las presiones inflacionarias siguen siendo estructuralmente débiles o inexistentes. Incluso en economías con bajas tasas de desempleo, el crecimiento salarial no está acelerando con fuerza. Además, sigue habiendo una amplia sobrecapacidad de producción en China y Europa y los factores estructurales mundiales (demografía, alto nivel de endeudamiento) están favoreciendo la deflación.


Postura de política monetaria


Tal contexto de crecimiento e inflación garantiza claramente unas políticas monetarias acomodaticias. Dicha postura goza de predicamento en el mundo entero, con la salvedad de un puñado de economías emergentes. Incluso la Fed, que ha expresado con claridad meridiana su voluntad de adoptar gradualmente una postura menos acomodaticia, ha de reconocer ahora que la tasa de crecimiento de Estados Unidos está perdiendo fuelle y ello podría entorpecer sus expectativas de subir los tipos dos veces este año.

Economías desarrolladas


Diversos indicadores del mercado laboral han arrojado dudas acerca de la dinámica de crecimiento subyacente de Estados Unidos. Dado que el crecimiento del empleo y del consumo han sido hasta ahora los principales motores de crecimiento, mientras la actividad industrial se hallaba bajo presión, tal desaceleración socava de algún modo las expectativas de recuperación tras un triste primer trimestre, cuanto más que el alentador rebote presenciado en los índices de manufacturas ha quedado en agua de borrajas. A raíz de ello, se ha reavivado la preocupación en torno a un crecimiento más suave de lo esperado en Estados Unidos. En la zona euro, las economías «centrales» están mostrando signos de reaceleración tras un breve período de flaqueza.
La tendencia de crecimiento de Alemania se ha fortalecido y los indicadores de confianza son alentadores de cara a meses venideros. Incluso Francia, que venía rezagándose en la recuperación europea, parece adentrarse en una dinámica más positiva, aunque es probable que la combinación de huelgas, inundaciones y la Eurocopa produzca volatilidad en el corto plazo. Por otro lado, Italia y España están perdiendo ímpetu en medio de unas políticas fiscales menos propicias. Suiza disfruta de un crecimiento más firme como consecuencia de la mejora de la actividad en la zona euro.
La actividad en el Reino Unido sigue enturbiada por la incertidumbre posterior al referéndum sobre el Brexit y las perspectivas económicas dependerán en gran medida de cómo se desarrollen las negociaciones. En Japón, el ciclo empresarial sigue siendo débil, obstaculizado por el fortalecimiento del yen y la suavidad del crecimiento en China y Estados Unidos. Con el escaso margen de maniobra del Banco de Japón, el apoyo de la política fiscal se está convirtiendo en la maniobra predilecta para reactivar el crecimiento.


Economías emergentes


En la Asia emergente, el suave crecimiento chino y la rápida disipación del miniciclo impulsado por el crédito a comienzos de año sigue socavando el crecimiento de las economías vecinas, aunque Corea ha mostrado una mejoría en los últimos tiempos, si bien puede que solo sea pasajera. India e Indonesia siguen destacando por su crecimiento: India experimenta una desaceleración gradual desde el elevado nivel del pasado año, mientras que Indonesia prolonga su recuperación.
Brasil sigue inmerso en una fuerte recesión y hasta ahora el cambio de gobierno no ha producido efectos visibles en la actividad, con altos niveles de inflación que limitan las posibilidades de relajación del banco central. México sigue creciendo pero sus perspectivas permanecen vinculadas a la economía estadounidense.

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