Rankia España
blog Fondos de inversión
Los mejores fondos de inversión

BNY Mellon: Bailando al son de otra melodía

Hoy en día, la característica universal de los mercados financieros parece ser la incertidumbre. El miedo y la avaricia son los motores de estos mercados, y con tanta inseguridad en torno a perspectivas económicas opuestas en todo el mundo, el miedo parece estar ganando la partida. Sonja Uys, gestora en Insight, nuestra especialista en rentabilidad absoluta, explora el desafío de limitar los efectos del rumbo de los mercados sobre la rentabilidad de una inversión.
 
Antes, cuando los inversores estudiaban dónde invertir, cotejaban el comportamiento de distintas clases de activo con la evolución del ciclo empresarial y el panorama de crecimiento e inflación. Hoy los tiempos han cambiado. Con ciclos de negocio impredecibles, crecimiento anémico y zonas del mundo desarrollado amenazadas por la deflación, nos hallamos en una recuperación lejos de lo normal. La respuesta altamente heterodoxa de las autoridades ha creado unas condiciones inusuales en los mercados financieros. De hecho, casi una tercera parte de los bonos gubernamentales de la eurozona –en distintos vencimientos– ofrecen tipos de interés negativos. Por consiguiente, se necesita un nuevo planteamiento.
 
Un factor adicional que complica las cosas es que la débil recuperación económica global contrasta con la fortaleza mostrada por ciertos mercados a título individual. Por ejemplo, los mercados de renta variable y de deuda soberana desarrollados han registrado subidas significativas de doble dígito desde marzo de 2009.Aunque las ventajas económicas de la flexibilización cuantitativa (QE) serán objeto de debate en las publicaciones académicas durante muchos años, está claro que la era de dinero barato ha sido extraordinariamente favorable para los inversores.
 
 

Meras conjeturas

En los mercados de renta variable, las valoraciones parecen descontar crecimiento futuro, pero el panorama económico subyacente se ha tornado más dispar y las políticas monetarias son cada vez más divergentes. La amenaza de deflación en Europa ha acercado al Banco Central Europeo (BCE) a la implementación de su propio programa de QE; en Asia, la locomotora de crecimiento regional –China– está renqueando, mientras que el Banco de Japón ha puesto toda la carne en el asador con una QE sin precedentes para intentar resolver sus constantes tribulaciones económicas.
 
Intentar pronosticar la evolución futura de los mercados será siempre una ciencia inexacta, pero navegar por el actual entorno de inversión es especialmente complicado. En este contexto, la renta fija y otros activos sensibles a los tipos de interés parecen particularmente vulnerables. Con las rentabilidades en mínimos históricos, el riesgo hoy en día es claramente asimétrico: lo más probable es que ganancias futuras provocadas por nuevos descensos del interés de la deuda se vean superados por caídas de cotización cuando suba dicha rentabilidad.
 
Las perspectivas de la renta variable también son inciertas de cara a los próximos años. Ahora que ya ha concluido la QE en Estados Unidos, y teniendo en cuenta el cambio palpable en el tono de la Reserva Federal al hablar sobre el mercado laboral, se prevén subidas de los tipos de interés oficiales en 2015. Los mercados de renta variable han sido los principales beneficiarios de las rondas de QE, pero un coste del capital creciente encarecerá la financiación de hogares y empresas, lo cual pesará sobre el consumo y la inversión.
 
El pico de volatilidad que sacudió a los mercados a comienzos del cuarto trimestre de 2014 podría haber sido una mera manifestación de la 
incertidumbre reinante entre los inversores. Frente a este telón de fondo, intentar adivinar lo que ocurrirá en un futuro ignoto será una labor más propensa de lo habitual a los errores. 
 
Las estrategias compradoras (long-only) de acumulación (buy-and-hold), que asumen de forma implícita una subida del mercado, parecen poco adecuadas para el actual entorno de mercado.
 

Llevando las riendas

Dado que las estrategias de rentabilidad absoluta persiguen un resultado, con independencia de la dirección y de las condiciones del mercado, pueden concentrarse en activos capaces de beneficiarse de tipos de interés crecientes; además, adoptan posiciones de valor relativo y gozan de la libertad que les ofrecen sus directrices de inversión relativamente flexibles, sobre todo el uso de una tasa de efectivo como índice de referencia.
 
En un entorno de tipos de interés crecientes, los inversores harían bien en emplear estrategias poco sensibles a la evolución del precio del dinero, o que se beneficien de su encarecimiento. Los instrumentos derivados pueden emplearse para cubrir el riesgo de tipos, inmunizando a la cartera frente a cambios en el precio del dinero. De este modo, asumir o no riesgo de tipos de interés se convierte en una decisión activa: la de cubrir o no dicha exposición. 
 
Otras estrategias pueden tener saldos de efectivo elevados –por ejemplo aquellas que emplean derivados en lugar de comprar valores directamente– y son susceptibles de beneficiarse de una subida de las tasas de efectivo (y de sufrir ante una caída de las mismas). Algunas estrategias invierten mediante posiciones de valor relativo. Por ejemplo, un gestor de rentabilidad absoluta podría plasmar su expectativa de que las acciones de gran capitalización batirán a las de menor tamaño, o de que la renta fija italiana podría superar a los bunds alemanes. En estos casos, el motor de rentabilidad es el hecho de que un activo bate a otro, en lugar de verse impulsada por la dirección general del mercado.
 
Tener una tasa de efectivo como referencia y gozar de un alto grado de flexibilidad a la hora de invertir permite al gestor de rentabilidad absoluta comenzar con una hoja en blanco, e invertir solamente cuando detecta oportunidades atractivas. La capacidad de adoptar posiciones largas y cortas en mercados o valores individuales permite a una estrategia de rentabilidad absoluta ganar terreno en fases tanto alcistas como bajistas.
 
A la economía se la suele denominar la “ciencia lúgubre”, y la pronosticación bursátil es su prima vaticinadora. Intentar predecir la dirección del mercado nunca es fácil, incluso cuando las tendencias económicas y de mercado son claras. Factores como los temores crecientes en torno al crecimiento y la amenaza de la deflación en algunas grandes economías, la probabilidad de subidas de los tipos de interés en Estados Unidos y las impresionantes rentabilidades registradas por la mayoría de las clases de activo desde 2009 hacen que el panorama actual sea inusualmente incierto. Las estrategias de rentabilidad absoluta orientadas estrictamente al resultado están diseñadas para limitar el papel del rumbo del mercado en su perfil de rentabilidad global, y en los tiempos inciertos en los que vivimos, constituyen una valiosa herramienta a su disposición.
 
BNY Mellon Sonja Uys
 
¿Cuánto puedes ahorrar en comisiones de tus fondos de inversión?
  • Calcula rápidamente cuánto podrías ahorrar en comisiones
  • Recibe un informe personalizado en menos de 48 horas
  • Te resolveremos cualquier duda que te surja sobre tu informe

Este sitio web usa cookies para analizar la navegación del usuario. Política de cookies.
Cerrar