Carmignac: El crecimiento internacional sigue siendo singular

Carmignac: El crecimiento internacional sigue siendo singular

En nuestro informe anterior, nos apoyábamos en una lectura favorable de la evolución de la inflación para justificar un posicionamiento de inversión decidido, caracterizado por una exposición elevada a los mercados de renta variable. Primero, en EE. UU.:

« el contexto de crecimiento moderado no debería llevar a la Fed a acelerar la normalización de su política monetaria, a pesar del repunte de unas tensiones inflacionistas que, al no haber sido generadas por una subida de los salarios, no tienen un carácter duradero y sirven de freno para un posible recalentamiento de la actividad ».

Después, en Europa, donde

« parece que por fin el Banco Central se ha decidido a actuar contra el riesgo deflacionista... ya que tanto los países del núcleo europeo como el resto sufren presiones a este respecto ».
La lejanía en el tiempo del cambio de ciclo por parte de las autoridades monetarias estadounidenses, combinada con un mayor apoyo del BCE, nos hacía presagiar con toda lógica una estabilidad económica favorable a la actividad y a la valoración de las acciones, (sobre todo, las estadounidenses) en un contexto de crecimiento aún coartado por la necesidad de reducir el apalancamiento de la economía.

 

En un plazo de tres meses, estas buenas noticias en el plano de la inflación han tendido a convertirse, sobre todo en Europa, en un temor renovado a la deflación. La subida de los precios al consumo en la región, que se sitúa en apenas un 0,4 %, y la caída generalizada de los precios de las materias primas son las señales más visibles de la continuidad de las tensiones deflacionistas en Europa, pero también en el conjunto de la economía mundial.

El ciclo actual del crecimiento internacional sigue siendo singular, puesto que carece de dinamismo y no viene acompañado de tensiones en los precios o en los salarios. En este sentido, la debilidad del crecimiento de los sueldos se ve parcialmente compensada por el descenso de los precios energéticos y de las materias primas agrícolas.

 

No obstante, este equilibrio al que nos hemos acostumbrado, en el que las malas noticias económicas (atonía en la actividad) constituyen buenas noticias para los mercados (apoyo garantizado de los bancos centrales), podríamostrar sus límites nada más producirse el fin programado de los estímulos monetarios estadounidenses, mientras que las empresas han optado —en líneas generales— por no aprovechar el bajo nivel inducido de los tipos de financiación para incrementar sus inversiones.

La debilidad estructural de este componente esencial del crecimiento durante los últimos años plantea dudas sobre la capacidad de las empresas para evolucionar en un entorno monetario normalizado.

 

La situación en Europa sigue preocupándonos muchísimo, a pesar de la intervención más activa del Banco Central Europeo

Los tipos negativos de los depósitos (en el -0,2 %), las líneas de refinanciación bancaria a muy largo plazo condicionadas a la concesión de créditos a las empresas o las compras — posiblemente a gran escala— de créditos bancarios titulizados deberían impedir una nueva recaída profunda en la recesión.

Sin embargo, las tensiones deflacionistas se han acentuado y han reducido la inflación de la zona del euro al 0,4%, si bien España e Italia coquetean ya con un descenso anual de los precios.

El crecimiento de los préstamos a las empresas sigue en terreno negativo, mientras que algunos países no consiguen romper la dinámica recesiva (como Italia) y otros coquetean con el crecimiento cero (como Francia). La locomotora alemana también está emitiendo señales inquietantes, ya que la debilidad del comercio mundial tiene una incidencia nefasta en el crecimiento al otro lado del Rin, tradicionalmente muy influido por la evolución de sus exportaciones industriales. Los pedidos y la producción industriales ya registran descensos a un año, del 1,3 % y el 2,8 %, respectivamente.

La determinación mostrada por el BCE tendrá como primer efecto una notable aceleración de la depreciación del euro frente al dólar.

Esta depreciación de la moneda única representa, sin lugar a dudas, un balón de oxígeno para el sector de las exportaciones y un freno para las tensiones deflacionistas, pero únicamente una reactivación del crédito a las empresas —sinónimo de inversión y de creación de empleo— podrá evitar el recrudecimiento duradero de las presiones bajistas sobre la cadena de los precios, toda vez que la fuerte depreciación de las materias primas reduce el efecto inflacionista del descenso de la moneda única.

La debilidad económica de Alemania podría desembocar en un consenso más amplio dentro del BCE en favor de medidas no convencionales más contundentes, como la compra de deuda pública.

¿Será suficiente el efecto de estas medidas sobre la economía europea?

La dilatada experiencia estadounidense en esta materia tiende a demostrar en todos los casos que una política monetaria de relajación cuantitativa permite, al menos, limitar las tensiones deflacionistas y favorece una recuperación del crecimiento. Sin embargo, el efecto riqueza que se obtendría con una revalorización de los activos en Europa no parece que pueda estar a la altura de lo ocurrido en EE. UU., habida cuenta del menor grado de financiarización de los patrimonios en Europa y de los precios elevados que ya muestran nuestro sector inmobiliario.

Las reformas concebidas para aumentar la competitividad parecen más capaces de producir efectos positivos sobre el crecimiento europeo a medio plazo, pero son casi inexistentes en Francia, avanzan muy lentamente en Italia y se topan con la atonía del comercio mundial en España. El hecho de que los Estados miembros recuperaran la posesión de su propia deuda durante los años de crisis ha fortalecido ciertamente la frágil situación europea, pero en ningún caso consideramos que el horizonte esté despejado en el Viejo Continente.

 

  1. #1
    30/11/14 17:24

    Señores de Carmignac, tengan cuidado con las "teclas" no le estropeen el año al Patrimoine.
    Un saludo.

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