Fidelity: Más allá de la volatilidad actual

Fidelity: Más allá de la volatilidad actual

Dominic Rossi, director mundial de inversiones del área de renta variable en Fidelity explica la situación actual de los mercados centrándose sobre todo en la volatilidad. El gestor señala que el hecho de que la volatilidad haya incrementado en las últimas semanas no debería suponer un problema para los inversores.
 
Dominic Rossi
 
 
Los mercados financieros han registrado un tremendo incremento de la volatilidad durante las últimas semanas. Aunque sin lugar a dudas este hecho es inquietante para los inversores, no creo que haya razones de peso para la preocupación. Así, las perspectivas de crecimiento para la economía estadounidense no han cambiado y ha sido precisamente la confianza del mercado en la recuperación estadounidense lo que en realidad ha sostenido este mercado alcista bursátil que dura ya cinco años. Creo que dicho mercado alcista sigue intacto y que la debilidad actual ofrece a los inversores la oportunidad de entrar en él a un nivel de valoración atractivo.
 
Un aumento rápido y acusado de la volatilidad, como el que estamos viendo en los mercados financieros, puede despertar el nerviosismo de los inversores. La tendencia a imitar lo que hacen los demás puede ser muy fuerte, pero no es el momento de seguir al rebaño y reducir las posiciones en renta variable.
 
Por el contrario, creo que el mercado alcista liderado por EE.UU. sigue intacto y que las caídas actuales son una saludable corrección de mediados de ciclo que debería prepararnos para disfrutar de rentabilidades positivas en 2015. Ahora que las valoraciones y las rentabilidades por dividendo han acrecentado su atractivo, es un momento adecuado para aumentar la exposición, especialmente a EE.UU., que en mi opinión seguirá poniéndose a la cabeza de las bolsas mundiales.
 

Sopesemos el origen de la volatilidad: el dólar estadounidense

 
El catalizador de lo que está ocurriendo en las bolsas de todo el mundo es la fortaleza del dólar, que se ha revalorizado considerablemente frente al resto de grandes divisas durante los últimos meses. El problema es que cuando la divisa de reserva del mundo se revaloriza, se deprecian otros activos y especialmente las materias primas como el petróleo, que cotizan en dólares. Es lo contrario a lo que ocurrió entre 2003 y 2008, cuando la debilidad del dólar infló las materias primas y dio alas a los emergentes.
 
La escalada del dólar es el resultado de las mejoras estructurales en marcha en EE.UU., en concreto las mejoras de las balanzas presupuestarias y comerciales durante los últimos años. Aunque estas mejoras llevan algún tiempo entre nosotros, lo que ha cambiado es el trasfondo de la política monetaria. Hasta hace poco, el entorno de política monetaria expansiva de los últimos años actuaba como tope para la revalorización del dólar. Ahora ese tope ha desaparecido ante las perspectivas de finalización de la relajación cuantitativa en EE.UU. y una posible subida de tipos en algún momento del próximo año, que coinciden con una aceleración de la relajación cuantitativa en Europa y en Japón. Podríamos estar ante un movimiento al alza duradero e importante. 
 
La fortaleza del dólar: la causa última de la volatilidad actual de los mercados
 
La subida del dólar refleja el hecho de que las condiciones financieras se están endureciendo. Hemos visto cómo se acumulaban las señales durante los últimos meses y semanas:
 
  • Ampliaciones de los diferenciales crediticios y aumento de los riesgos derivados de acontecimientos en los mercados de deuda
  • Peor comportamiento relativo de los valores de pequeña y mediana capitalización desde el segundo trimestre 
  • Rápido deterioro de los mercados de materias primas, en especial el hundimiento del precio del petróleo
  • En fechas más recientes, el efecto se ha comenzado a sentir en los índices bursátiles internacionales, donde la amplitud del mercado había comenzado a reducirse antes de que se desatara la debilidad actual.
 

Entonces, ¿en qué punto nos encontramos ahora?

 
Sigo creyendo firmemente que este mercado alcista actual en la bolsa estadounidense que dura ya cinco años sigue intacto y le queda recorrido. La economía estadounidense sigue creciendo a un ritmo saludable y, lo que es más importante, después de cinco años de relajación cuantitativa apenas se aprecian señales de inflación.
 
Las mejoras estructurales en el déficit doble continúan y seguirán sosteniendo al dólar estadounidense. La fuerte reducción de las importaciones de hidrocarburos gracias a la revolución del esquisto en EE.UU. ha mejorado considerablemente el déficit comercial, y las exportaciones brindan un mayor margen de mejora. Más importante aún ha sido la mejoría del déficit presupuestario, que se ha recortado desde aproximadamente el 10% al comienzo de la presidencia de Obama hasta un 3% en la actualidad. El gobierno actual ha reducido el despilfarro de la era Bush y el gasto federal se ha reducido de forma efectiva como resultado del fin de dos costosas guerras en Irak y Afganistán. A consecuencia de ello, creo que Obama bien podría poner punto final a su mandato con un ligero superávit presupuestario, lo que a todas luces supondría un giro impresionante.
 
Creo que las perspectivas de beneficios de las empresas estadounidenses también siguen siendo positivas. Algunos escépticos han pronosticado un retorno a la media en los beneficios, pero no estoy de acuerdo: creo que los beneficios pueden seguir siendo elevados, lo que sostendría una nueva expansión de las valoraciones. Durante los últimos doce años hemos sido testigos de un vuelco en la distribución de la riqueza que ha favorecido a las empresas y al capital en detrimento de la mano de obra. Esta relación tiene pocos visos de invertirse.
 
Actualmente existe un exceso de ahorro en el sistema financiero mundial. Los tipos de interés oficiales rondan el cero y las rentabilidades de los bonos están cerca de mínimos históricos, por lo que esta ingente cantidad de dinero no tiene ningún "poder de fijación de precios", lo que obliga a los inversores a destinarlo a otras inversiones para conseguir rentabilidades adecuadas. En el contexto general de la renta variable mundial, las acciones que pagan dividendos siguen siendo atractivas frente a otros activos como los bonos, y deberían seguir captando el interés de los inversores. De hecho, ahora que el S&P renta por dividendo más que los títulos del Tesoro de EE.UU. a 10 años y que los mercados europeos rentan en torno al 4%, creo que la inversión en renta variable orientada a las rentas será el catalizador que detendrá la desbandada que viven los mercados cuando la búsqueda constante de rendimientos vuelva con toda su fuerza.
 

En un contexto de endurecimiento de las condiciones financieras, ¿qué mercados aguantarán mejor?

 
Creo que la economía estadounidense va a lidiar con este problema sin mayores dificultades. Los argumentos a favor de la sostenibilidad de la economía, los beneficios y el crecimiento del dividendo en EE.UU. siguen siendo sólidos y esto ayudará a sostener las bolsas mundiales durante el próximo año más o menos. Aunque podría parecer difícil de creer hoy ante la debilidad de los mercados y la fuerte caída del S&P, creo que la bolsa estadounidense va a recuperarse con fuerza en 2015 y eclipsará los máximos de septiembre de este año.
 
Sin embargo, lo que son buenas noticias para la economía estadounidense es un obstáculo para otros mercados, especialmente para los países emergentes. En el último mercado alcista de 2003-2008, los mercados emergentes contaban con dos vientos favorables clave: el rápido auge de China y sus tasas de crecimiento de dos dígitos, y la depreciación del dólar estadounidense y la consiguiente subida de los precios de las materias primas. El modelo orientado a las exportaciones que tan bien funcionó en muchos mercados emergentes durante la última década se ha agotado. Los mercados emergentes pueden triunfar individualmente si emprenden reformas estructurales y adoptan una agenda económica más orientada hacia el mercado interno.
 
Europa parece estar atrapada entre dos fuegos: por un lado, persisten los problemas estructurales, el crecimiento real es difícil de encontrar y se están ampliando los diferenciales crediticios en la periferia; por otro, la debilidad del euro será un apoyo importante, especialmente en combinación con el abaratamiento del petróleo y, en general, de las materias primas. Juntos, estos factores podrían dar un impulso moderado a la actividad en 2015. Una gran cantidad de dinero extranjero motivó una fase de ganancias impulsadas por la confianza en los mercados europeos a comienzos de año y ahora se están haciendo juicios más ponderados. A la vista del ajuste que se ha producido en las valoraciones, soy optimista sobre Europa, como lo llevo siendo desde hace algún tiempo. 
 

CONCLUSIÓN

 
Los inversores no deberían inquietarse por la volatilidad reciente. En un plano fundamental, considero que las positivas perspectivas de crecimiento de la economía estadounidense garantizan el recorrido del mercado alcista en la bolsa estadounidense de los últimos cinco años. Aunque otros mercados pueden seguir registrando un buen comportamiento, no veo que vaya a producirse un cambio en el liderazgo de este mercado alcista, sobre todo a la vista de la fortaleza del dólar, tradicionalmente un obstáculo para los mercados emergentes dependientes de las materias primas o los que todavía tienen pasivos importantes en dólares.
 
El mercado alcista de 2003-2008 giró en torno al crecimiento de los beneficios, el liderazgo chino y el mejor comportamiento de los mercados emergentes frente a los países desarrollados, combinado con una fortaleza de las materias primas debida a la debilidad del dólar. Sin embargo, el mercado alcista que vemos hoy gira en torno a la expansión de las valoraciones, el liderazgo estadounidense y el mejor comportamiento de los sectores basados en la propiedad intelectual, como la farmacia, la biotecnología y la tecnología, frente a los activos tangibles en un contexto de mayor fortaleza del dólar. La debilidad reciente brinda a los inversores la oportunidad de entrar en el mercado o aumentar la exposición antes de que arranque la próxima fase alcista.  
 
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