Carmignac: Las trampas de la salida de la crisis

Carmignac: Las trampas de la salida de la crisis

Carmignac: Nota mensual Julio 2014

En todos los países desarrollados en crisis, los bancos centrales han sabido asumir sus responsabilidades e incluso han ido más allá, apoderándose del papel de timonel del devenir económico de los países que han dejado vacante los estados sobreendeudados. Incluso el Banco Central Europeo, bajo la batuta de Mario Draghi, se ha convertido en el garante principal ante los inversores de la continuidad de la recuperación europea, pese a que su primera misión, la de «conseguir un crecimiento de los precios inferior, pero cercano, al 2 %», sigue siendo por el momento una meta lejana. Ciertamente era necesario tener valor para poner en marcha políticas «no convencionales», pero a pesar de que la prueba de dicho valor ya se ha dado, nuestros paladines deberán afrontar retos mucho más complejos a partir de ahora: la Fed va a tener que equilibrar su política monetaria entre lo que demanda hoy día una economía aún vacilante y lo que necesitará muy pronto el ciclo de aumento de la inflación. El BCE deberá pasar de la fase de las palabras tranquilizadoras y la liquidez ilimitada a los bancos a la del apoyo efectivo a una economía real europea estancada en las presiones deflacionistas derivadas del desendeudamiento. Los bancos centrales van a tener que lidiar con un nuevo desafío y los mercados podrían entrar en un nuevo periodo de incertidumbre.

 

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Las cifras de la ralentización económica estadounidense en el primer trimestre de 2014 son impresionantes. Contra todo pronóstico, el ritmo de crecimiento se ha frenado en seco y el PIB de la primera economía del mundo se ha hundido un 2,9 %, según la última revisión de las estadísticas. No obstante, este debilitamiento no es especialmente preocupante, ya que responde en gran parte a una desafortunada conjunción de factores excepcionales (unas condiciones meteorológicas fuera de lo común, un violento movimiento de liquidación de inventarios y el fin de los programas de ayudas sociales), pero sí confirma el grado de vulnerabilidad de una economía convaleciente ante los choques externos. No podemos perder de vista que la salida de esta crisis será inevitablemente lenta y frágil debido al lastre que supone la reducción del endeudamiento. Uno de los principales escollos a los que se tendrá que enfrentar el ritmo general del crecimiento estadounidense queda patente al analizar los precios al consumo.

Según nuestros cálculos, las subidas de precios que ya se han registrado en Estados Unidos se concentran principalmente en los bienes de consumo corriente, que suben un 3,1 % interanual, mientras que los precios de los bienes de consumo discrecional descienden (-0,5 % interanual). Dicho de otro modo: lo que está teniendo Estados Unidos es «inflación de la mala», ya que no está provocada por una demanda vigorosa que estimula el aumento de la renta, sino que está produciéndose en ausencia de aumentos salariales y se origina en las empresas que intentan compensar la debilidad de sus ventas aumentando sus tarifas en productos con escasa flexibilidad en los precios. Si se confirma, este fenómeno constituye un riesgo mucho más importante para el crecimiento que para la tendencia de los precios a largo plazo, toda vez que un encarecimiento de los productos de primera necesidad en un entorno de crecimiento débil tiene un efecto recesivo que erosiona el poder adquisitivo de los hogares. A este respecto, resulta bastante esclarecedor observar que se espera un dato de consumo estadounidense muy mediocre en el segundo trimestre, tras el descenso del -0,2 % en abril y del -0,1 % en mayo. Esta perspectiva hace presagiar un crecimiento incapaz de acelerar y salpicado de brotes inflacionistas de corta duración. Semejante perspectiva plantea ciertamente otro reto a Janet Yellen en su intento por normalizar lo antes posible su política monetaria.

Esta visión constituye también un panorama incómodo para la economía de la zona del euro, que presenta un crecimiento débil que la hace aún más vulnerable frente a un choque externo que la economía estadounidense. Las intervenciones de Mario Draghi han posibilitado el retorno de la confianza entre los inversores y eso ha traído consigo un aumento espectacular de los precios de los activos financieros, tanto la renta variable como la renta fija. Sin embargo, la economía real sigue empantanada en las consecuencias de la crisis crediticia de los últimos cuatro años y del exceso de deuda de los estados. Todavía faltan muchos trimestres para que el saneamiento de los balances de los bancos y la liquidez ofrecida por el BCE se encuentren con una suficiente demanda de crédito por parte de las empresas para que se confirme el comienzo de una recuperación interna. Entretanto, la economía europea necesita una demanda externa sostenida que se vería cercenada por una hipotética ralentización del crecimiento estadounidense.

Evidentemente, es posible que una vez más el equilibrio entre crecimiento tenue, inflación moderada y apoyo de los bancos centrales aporte a los mercados suficiente tranquilidad para que prosigan con su escalada. La confianza en la omnipotencia de los bancos centrales ha sido buena consejera desde hace años, pero nos parece importante tener claras dos cosas. La primera de ellas es que el camino entre el riesgo de decepción macroeconómica y el margen de maniobra de los bancos centrales se hace más angosto. La gestión de los bancos centrales será cada vez más delicada y los riesgos de salirse de la ruta trazada se multiplicarán. Además, el riesgo de que un brote inflacionista en Estados Unidos, aunque sea temporal, ralentice aún más el ritmo de crecimiento de la economía estadounidense impone una asignación de activos contraria a la lógica: los mercados de acciones, sobre todo en la zona euro, podrían terminar siendo más vulnerables a una subida de la inflación que los mercados de bonos. El «día D» para la rotación masiva desde la renta fija hacia la renta variable no es, pues, inminente.

En una economía mundial globalizada, una nueva decepción procedente de las tasas de crecimiento occidental afectaría sin duda al resto del mundo, pero también debemos reconocer que algunos países poseen actualmente la ventaja de una dinámica propia, menos dependiente que en el pasado del ritmo de crecimiento de los países desarrollados. Eso es lo que ocurre en China, donde la actividad se ha estabilizado mientras las reformas estructurales avanzan. Eso es lo que ocurre también en la India, cuyo primer ministro Narandra Modi está intentando colocar al país en una senda de crecimiento sostenible. En cierta medida, ese es también el caso de Japón, donde la primera flecha de apoyo monetario lanzada el año pasado está dando lugar a una recuperación que encontrará apoyo en el aumento de las inversiones y la renta salarial. Por otro lado, algunas empresas —en muchos casos líderes mundiales en sus sectores— están bien pertrechadas para seguir incrementando sus resultados en un contexto de atonía. La configuración de nuestras carteras, muy equilibrada geográficamente y dominada por las empresas capaces de salir airosas del ciclo por sus propios méritos, refleja este análisis. Desde un punto de vista táctico, si nuestras previsiones se confirmasen también podríamos vernos obligados a completar nuestro planteamiento de gestión de riesgos ajustando los niveles de exposición a los mercados de renta variable.

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  1. en respuesta a Pablo_gestión
    -
    #2
    14/07/14 12:28

    Buenas, la verdad que el entorno acaba afectando a todos los fondos de inversión y por ello, es tan importante que haya una buena gestión en los mismos y sepan aprovechar cualquier eventualidad que se produzca.
    Un saludo.

  2. #1
    14/07/14 12:24

    ...en fín, más de lo mismo: incertidumbre, y posiblemente aumento de la volatilidad.
    Un saludo.
    pd: ¿cuando darán con la tecla del patrimoine?

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