Privatbank Degroof: Dar marcha atrás para seguir adelante

Privatbank Degroof: Dar marcha atrás para seguir adelante

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“No se trata de batirse en retirada sino de avanzar en otra dirección”. Para unos, las palabras del General McArtur saben a falso consuelo, para otros traducen la mirada positiva que hay que tener incluso en los reveses, pero los hechos siguen ahí. La perseverancia degenera a veces en terquedad y cambiar de opinión permite evitar pérdidas improductivas. La mejor decisión es, con frecuencia, reconocer el error.

Dirigir una empresa, es acumular decisiones. Diversificarse, lanzarse al campo internacional, rescatar una sociedad, es normal que algunas de estas opciones resulten, con el paso del tiempo, desacertadas. Por supuesto, no se trata de mostrarse complaciente frente a los fracasos y más severo aún habrá que ser cuando el análisis que haya precedido a la decisión y al seguimiento haya pecado de ligereza. Por el contrario, en una empresa, hay que facilitar que la dirección pueda cambiar de rumbo, más aún teniendo en cuenta que el ego humano no ayuda en este sentido. Si no es así, se corren dos peligros. El primero es el de una prudencia extrema: ¡sin volante, los coches no irían tan deprisa! El segundo es el de propiciar una obstinación perjudicial: bastaría con aumentar la dosis y dar tiempo al tiempo para que el tratamiento del Doctor Knock muestre todos sus beneficios.

Vigilar una economía es acumular recomendaciones. Organizaciones internacionales, think tanks, centros de investigación, comentaristas de todo tipo. En este contexto, es muy normal que algunas de sus sugerencias resulten, con las enseñanzas de la experiencia, inapropiadas, incluso contraproducentes. La crisis que estalló en el 2008, sus posteriores consecuencias y las medidas de política económica que se implantaron para hacerle frente han desembocado en una multitud de informaciones y de experimentaciones de las que hay que sacar imperativamente la correspondiente lección, recordando, con Karl Popper, que una propuesta científica es una propuesta refutable por naturaleza.

La palma del pensamiento evolutivo se la lleva el Fondo Monetario Internacional (FMI). Hace poco aún, se acusaba al FMI de dominar el pensamiento económico, lo que dejaba traslucir la expresión de “consenso de Washington”, lugar donde tiene su sede la institución internacional, y de ser la voz cantante del liberalismo, de la bajada de los impuestos, de la privatización, de la ortodoxia presupuestaria y monetaria, de la apertura de las fronteras, incluso de la flexibilización del mercado del trabajo. Hoy, FMI es el acrónimo de Fin de la Mundialización Irresponsable. Los mejores ataques a una forma de pensamiento único vinieron por donde menos se les esperaba, lo que les ha otorgado una fuerza especial.

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Se ha engranado la marcha atrás, lo que significa el cambio más radical de dirección. Ayer, perseguir una inflación débil, inferior al 2 %, era la prioridad para cualquier Banco central que quería ser creíble. Hoy, la deflación parece más peligrosa y habría que subir el tope de la inflación, por ejemplo al 4 %. Ayer, reducir a un ritmo sostenido el déficit público se consideraba saludable, incluso dentro de un contexto sin crecimiento económico, con el fin de devolver la confianza al sector privado, convirtiendo así la austeridad en expansionista. Hoy en día, el oxímoron ha pasado a mejor vida y conviene repartir los esfuerzos presupuestarios y sostener una frágil recuperación. El FMI incluso ha llegado a recomendar a algunos países, tales como el Reino Unido o muy recientemente Bélgica, que ralenticen su calendario de vuelta al equilibrio presupuestario. Ayer, el ahondamiento de las desigualdades se consideraba como un problema secundario. Hoy, su coste encabeza la lista de las preocupaciones. Ayer, lo virtuoso estaba en el lado de la flexibilización del mercado del trabajo y del abaratamiento del coste del capital. Hoy, el matiz es de rigor, tanto en Washington como en otras partes.

La crisis ha superado el momento de certezas, simplismos y negligencias. El coste inmediato es elevado pero éste es el precio de la verdad.
 
 

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