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El futuro de los fondos de inversión

Fernando Luque
Senior Financial Analyst de Morningstar

Tras el boom de los garantizados, las gestoras se han lanzado a por los fondos de gestión alternativa o dinámica. Puede que el cambio sea algo más que un simple efecto de moda, pero convendría recordar que la gestión tradicional y la gestión alternativa no son nada excluyentes y que esta última también debe medirse en términos de rentabilidad y riesgo.

Al escribir estas líneas, aún desconocemos cuál será la futura fiscalidad de las instituciones de inversión colectiva. Tampoco se sabe mucho de cómo quedará, al final, el nuevo reglamento de los fondos de inversión. Pero el título de este artículo no pretende hacer referencia a estas incógnitas tanto fiscales como legales. Mi intención es más bien centrar la atención del lector en uno de los cambios más importantes que está viviendo, hoy en día, el sector de la inversión colectiva: la búsqueda de rentabilidad absoluta, concepto que responde a un deseo tanto por parte de los inversores, escaldados por años de pérdidas en los mercados bursátiles, como por parte de las propias entidades gestoras de fondos, ávidas por recuperar parte de la credibilidad perdida.

Es posible que el año 2003 haya marcado un punto de inflexión para el sector en nuestro país (aunque, en realidad, la tendencia traspasa ampliamente nuestras fronteras). Es cierto que durante el ejercicio pasado los fondos garantizados han vuelto a ser los grandes protagonistas en términos de captación de patrimonio. Esta categoría de fondos recibió, en efecto, suscripciones netas por valor de casi 11.000 millones de euros a lo largo del 2003 (concentradas, sobre todo, en los llamados garantizados de renta variable), cifra que hay que comparar con unos reembolsos netos de más de 2.700 millones de euros en el 2002 (básicamente, a favor de los fondos de renta fija a corto plazo y de los fondos monetarios).

Pero, en los dos primeros meses de este año, la tendencia se ha parado en seco. Los fondos garantizados han sufrido reembolsos netos por valor de casi 1.000 millones de euros. Por el contrario, emerge una categoría un tanto heterogénea como la de los fondos globales, con unas suscripciones netas superiores a los 5.000 millones de euros en ese mismo periodo. Esta misma categoría había experimentado unas entradas netas de algo más de 3.500 millones de euros durante el 2003. La explicación a este cambio de preferencia por parte de los partícipes hay que buscarla en el tremendo éxito que están viviendo los llamados fondos de gestión alternativa.

Los fondos de gestión alternativa o de gestión dinámica (poco importa el calificativo en este caso) se han convertido, de forma indiscutible, en la gran apuesta de las gestoras para el futuro. La estrategia tiene sentido. Lo que pretenden este tipo de fondos es, en definitiva, lo que persigue la mayoría de inversores: obtener una rentabilidad absoluta, que no dependa de la evolución de los mercados, pero siempre intentando preservar el capital y limitando, por lo tanto, el riesgo.

Hasta el momento, la gestión de los fondos, tanto los de gestión activa como los de gestión pasiva, siempre ha estado referenciada al comportamiento de un determinado índice. Para evaluar la calidad de un fondo, los analistas siempre han insistido en que lo “correcto” es comparar su evolución con la de un índice representativo de su categoría. Aunque estas reglas comparativas no se aplican directamente en el caso de los fondos de gestión alternativa, el principio básico del análisis del binomio rentabilidad-riesgo sigue siendo, sin embargo, tremendamente válido. Diría, incluso, que este principio cobra aún más fuerza en el caso de categorías de fondos muy heterogéneos como la de los fondos de gestión alternativa.

En efecto, es importante transmitir al inversor final que si bien los fondos de gestión alternativa coinciden en su voluntad de ofrecer una rentabilidad positiva absoluta, no todos, evidentemente, conseguirán los mismos resultados ya que no todos asumen el mismo nivel de riesgo. Y eso es fundamental que el inversor lo entienda y que el comercializador lo explique con toda claridad.

Por otra parte, también es importante recalcar que aunque el objetivo de muchos de estos fondos es preservar el capital de sus partícipes, eso no significa que nunca puedan registrar pérdidas. Los fondos de gestión alternativa no son fondos garantizados... aunque la última moda de combinar las características de ambos tipos de fondos puede confundir a muchos inversores.

Por último, me gustaría terminar recordando que sería un error pensar que los fondos de gestión alternativa constituyen la panacea en materia de inversiones. Ganar cuando las bolsas suben y preservar el capital cuando estas caen es, es el sueño de cualquier inversor. Pero en el mundo de la inversión, todo tiene su precio y, especialmente, cuando se trata de controlar el riesgo. Sería simplificar en exceso las cosas pensar que el futuro de la inversión colectiva está en la gestión alternativa. La gestión tradicional (referenciada a un índice de mercado) debe seguir ocupando un lugar de privilegio en las carteras de los inversores. Ambos tipos de gestión no son excluyentes sino perfectamente complementarios.

Fernando Luque
Senior Financial Analyst de Morningstar
www.morningstar.es
Extraído de la Revista: Gestión Alternativa

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