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Fidelity: Los cambiantes rostros de Asia

Fidelity
 
Desde los mercados desarrollados de Japón y Corea del Sur, hasta los gigantes emergentes de China y la India, pasando por mercados frontera" como Birmania y Camboya, Asia tiene muchos rostros. La región dejó atrás la crisis que vivió hace más de una década aprendiendo a ser más autosuficiente y ahora se enfrenta a otra prueba: la que plantean unos mercados desarrollados que entran en una nueva fase y una Fed que se apresta a retirar el exceso de liquidez. La región puede afrontar el desafío siempre que pueda proseguir con las reformas. Distinguir a los ganadores de los perdedores demandará un cuidadoso análisis fundamental.
 
 

Fantasmas del pasado

Los titulares que se han visto en la prensa recientemente sobre la volatilidad de los mercados emergentes, mientras continúa el debate sobre la reducción de los estímulos cuantitativos, podrían haber despertado los recuerdos de la crisis financiera asiática de 1997-1998, cuando los mercados de la región sufrieron una gran sacudida y las economías bordearon el colapso debido a una crisis de confianza provocada por un repentino cambio de dirección de los flujos de capitales especulativos. Entonces, como ahora, asistimos a descensos en las Bolsas y divisas de la región a medida que se repatrían grandes volúmenes de capitales extranjeros. Entonces, como ahora, los países con grandes déficits por cuenta corriente, inflación al alza y familias con un gran lastre de deuda son los que están más presionados. También vemos que los bancos centrales están entre la espada y la pared en materia de política monetaria: subir los tipos de interés para mantener la confianza y luchar contra la inflación a costa del crecimiento económico y los beneficios empresariales, o no hacer nada y arriesgarse a sufrir más fugas de capitales. Entonces, como ahora, estamos entrando en un entorno en el que la economía estadounidense se está recuperando, el dólar se está reforzando y los tipos de interés de EE.UU. podrían subir. 
 
Todos estos factores plantean dificultades a los mercados asiáticos, pero la región ha aprendido algunas valiosas lecciones durante los últimos 15 años y la más importante tal vez es la necesidad de ser más autosuficiente y menos dependiente de las exportaciones. Aunque los mercados y divisas de la región han dejado atrás los máximos recientes, no están en caída libre y muchos comentaristas afirman que la corrección que han vivido recientemente era necesaria para traer algo de equilibrio a las valoraciones. Indonesia y Tailandia son dos ejemplos concretos de evolución bursátil espectacular desde la crisis financiera mundial de 2009. Aunque las presiones inflacionistas se están intensificando en algunas partes de Asia, el motivo principal es un fuerte repunte de los precios del petróleo que está golpeando a los mayores importadores, como la India e Indonesia (la inflación de los alimentos podría convertirse en un problema a más largo plazo por el crecimiento de la población, el aumento de la renta y las rigideces de la oferta, aunque no es acuciante todavía). 
 
 
Más importante aún es el hecho de que las economías de Asia no están tan expuestas a la deuda externa como a finales de la década de 1990 porque han desarrollado mercados de divisas más profundos y han acumulado ingentes reservas cambiarias (la región supone actualmente más de la mitad del total mundial). Las economías emergentes de Asia también han mejorado sus calificaciones crediticias y la liquidez de sus mercados. Hoy en día, las economías asiáticas comercian bastante más entre ellas, lo que les hace menos dependientes de las exportaciones a los mercados occidentales. Esta tendencia probablemente se reforzará cuando el acuerdo de libre comercio de ASEAN entre plenamente en vigor en 2015. Aunque el crecimiento de China se está frenando por la prioridad que ahora se concede al consumo impulsado por la demanda frente a la inversión en inmovilizado, sigue siendo aún la economía que más crece del mundo y supone un estabilizador para la región mucho más potente de lo que era en 1997/1998. Más importante es que muchas economías emergentes de Asia están viéndose favorecidas por el aumento de la renta y el auge de las clases medias, unos factores que previsiblemente impulsarán el consumo interno durante los próximos años. 
 

El auge de la nueva China 

Aunque China sigue siendo uno de los mercados bursátiles con peor evolución en lo que llevamos de año, se puede afirmar que es uno de los países asiáticos más reformistasesto debería dar fruto a largo plazo. El país se encuentra inmerso en un delicado proceso de reorientación económica, desde un crecimiento acelerado basado en las exportaciones hacia un modelo más centrado en el consumo interno. La desaceleración del PIB chino las restricciones aplicadas recientemente a la concesión de créditos han provocado turbulencias en el mercado, pero ambos hechos deben interpretarse dentro del contexto más amplio de un país que debe realizar reformas para materializar su potencial a largo plazo. En la "Nueva China", el consumo tendrá un papel preponderante, pero el gobierno también debe abordar el exceso de capacidad en la industria y los problemas de liquidez bancaria en el marco del nuevo rumbo económico a largo plazo. A un nivel más profundo, el gobierno también debe limitar el carácter centralista de la economía y allanar el camino a un mayor protagonismo de la empresa privada.
 
 
Se han dejado la reformas para más adelante mientras los nuevos gobernantes se toman su tiempo para poner orden en casa y desarrollar nuevas ideas, pero el mercado estará atento a la próxima reunión del Partido Comunista de China este mes de noviembre en busca de evidencias de nuevos enfoques para impulsar el crecimiento futuro. Si repasamos la historia, vemos que el mejor comportamiento relativo de la Bolsa china a mediados de los años 2000 se debió en gran medida a las reformas y medidas liberalizadoras emprendidas por China entre 1979 y 2009. Los sectores relacionados con las exportaciones y la construcción destacaron con fuerza durante este periodo, ya que se beneficiaron de una mano de obra y unos recursos baratos. Ahora hemos alcanzado la siguiente fase del desarrollo de China, donde los gastos han aumentado y se aspira a un crecimiento más equilibrado y saludable. Esto significa que los viejos sectores, impulsados por las ingentes inversiones en inmovilizado, tenderán a quedar rezagados en el futuro y veremos una nueva oleada de oportunidades de inversión en China.
 
 
Dentro de la reorientación de la economía china, algunos factores novedosos saltarán al primer plano en lo que a selección de valores se refiere, como las energías renovables (eólica, solar y gas natural). Estas empresas se beneficiarán de los esfuerzos del gobierno chino por fomentar un desarrollo económico más limpio y eso supone que cada vez se señalará más con el dedo a las empresas altamente contaminantes, que deberán pagar los costes de los daños medioambientales (lo que no siempre ha sido así en el pasado). Esto entronca con las nuevas políticas de las autoridades, lo que significa que el gobierno tomará más medidas para que el crecimiento de China sea más sostenible a largo plazo, que se pueden apreciar en los recientes esfuerzos de Pekín por cerrar centrales de carbón ante la contaminación crónica que sufre la capital. También asistiremos a la aparición de nuevos catalizadores, como un mayor número de fusiones y adquisiciones ahora que las valoraciones han caído hasta niveles más atractivos. Por último, los sectores de los nuevos medios de comunicación y la tecnología se perfilan para crecer ahora que el consumo chino se vuelve cada día más electrónico, especialmente a través de los smartphones. 
 
En un plano más general, una de las mayores innovaciones de China durante la pasada década ha sido el desarrollo del mercado de bonos en yuanes externos (también llamados bonos Dim Sum) en Hong Kong, lo que refuerza aún más la posición de este territorio como puerta de entrada a China. El auge del mercado Dim Sum está íntimamente ligado al proceso general de liberalización de la divisa china y al desarrollo del sistema bancario y los mercados de capitales del gigante asiático. Desde la perspectiva de China, una divisa más internacional es deseable por varias razones: para reducir el riesgo cambiario para los exportadores e importadores chinos, para facilitar la financiación del comercio mundial, para ayudar al desarrollo de las entidades financieras chinas y para dar un importante paso adelante en el objetivo a largo plazo de consolidar al yuan como divisa de reserva mundial. A medida que China va abriendo sus mercados, las economías vecinas de Taiwán y Hong Kong seguirán sin duda prosperando por el refuerzo de los lazos comerciales.
 

Asean y la India: perfiles demográficos parejos

Comparado con los días turbulentos de 1997/1998, el bloque de ASEAN encuentra cada vez más impulso en la demanda interna y se está convirtiendo en una zona económica autosuficiente, resistente y pujante que los inversores están obviando, con lo que ello conlleva. Sostenida por una demografía favorable, una demanda interna fuerte y las inversiones en infraestructuras, así como una creciente inversión extranjera directa (IED), la tendencia de crecimiento de ASEAN es a largo plazo por naturaleza. La ortodoxia tradicional solía ser que en igualdad de condiciones, los mercados emergentes entrañan más riesgos que los mercados desarrollados. Sin embargo, desde la crisis financiera mundial de 2008/2009 y la quiebra de Lehman, este planteamiento ha sufrido una importante revisión. Indudablemente los mercados emergentes siguen sufriendo riesgos políticos, especialmente en esos países con sistemas políticos cerrados, y los marcos legales escasamente desarrollados pueden provocar verdaderos quebraderos de cabeza desde la perspectiva del gobierno corporativo; un caso reciente fue el escándalo de las licencias de telecomunicaciones móviles en la India y los problemas de buen gobierno que sufren las empresas chinas que cotizan en EE.UU. Con todo, los mercados desarrollados todavía mantienen una buena cuota de problemas de transparencia empresarial. 
 
A pesar de la desaceleración reciente, las economías de ASEAN siguen siendo un motor para el crecimiento mundial; en este sentido, el FMI pronostica un crecimiento del 5,7% en 2014 en el grupo de países ASEAN-5, frente al 2,7% de EE.UU. o el 0,9% de la zona euro. La aplicación íntegra del tratado de libre comercio de ASEAN en 2015 debería dar un impulso adicional al comercio intrarregional. La OCDE pronostica que, a medida que las economías de la región se vayan haciendo más autosuficientes, los consumidores asiáticos podrían representar más del 40% del consumo de las clases medias mundiales en 2020. Y frente a la crisis financiera asiática de 1997-1998, cuando los ratios de deuda-PIB superaron el 180% en las cuatro primeras economías de ASEAN, las economías de la región han apuntalado sus finanzas y ahora les ha tocado a las economías desarrolladas, como Irlanda y Grecia, ser rescatadas por el FMI. Además, los países de ASEAN albergan unas clases medias jóvenes y cada vez más pudientes y, en concreto, se considera que la India e Indonesia están viviendo un momento dulce demográficamente hablando con una proporción de jóvenes y mayores marcadamente favorable a las personas en edad de trabajar.
 
 
Sin embargo, los mercados emergentes de Asia han sufrido reveses en los últimos meses por la inquietud que genera el hecho de que la Fed estadounidense vaya a cerrar el grifo de la liquidez reduciendo los estímulos cuantitativos. La India e Indonesia se han llevado la peor parte de las ventas registradas en las bolsas asiáticas debido a las preocupaciones en torno a los déficits por cuenta corriente, la subida del petróleo, la percepción del mercado de que se están quedando regazados en la curva de subidas de tipos y la parálisis política por la proximidad de comicios electorales. A pesar de estos problemas, merece la pena recordar los avances económicos generales. Muchas economías de la región han dejado de depender de las exportaciones y se sostienen gracias a motores a largo como el auge del consumo interno, el aumento de la renta y el desarrollo de las clases medias.
 
La India tiene problemas específicos, entre ellos: a) un gran déficit presupuestario y por cuenta corriente, b) inflación alta y c) una ralentización de la inversión corporativa como resultado de la inacción política. Los inversores se han sentido defraudados hasta ahora por la incapacidad del gobierno para afrontar estos problemas a través de reformas estructurales, a lo que hay que sumar un entorno internacional que ha sido, en general, complejo para los mercados emergentes. No obstante, cualquier comparación con la crisis económica de 1991 es prematura, ya que los fundamentales económicos de la India son mucho más sólidos desde un punto de vista relativo. 
 
En general, los inversores deberían centrarse en los fundamentales y adoptar una perspectiva a largo plazo. Las valoraciones actuales son atractivas desde casi todos los ángulos y la India es un mercado para expertos en selección de valores que ofrece un buen conjunto de oportunidades de inversión desde una óptica ascendente. Los inversores deberían buscar empresas con modelos de negocio de calidad y crecimiento en los mercados internacionales. Los exportadores de servicios empresariales, tecnologías de la información, atención sanitaria y productos farmacéuticos también deberían beneficiarse de la depreciación de la moneda. 
 

Abe sacude Japón 

Japón ha vuelto a la primera plana recientemente por el valiente programa de reformas impulsado por el primer ministro Shinzo Abe, diseñado para dinamizar la economía japonesa y crear una sensación de precios al alza tras muchos años de deflación. Las recetas económicas de Abe tienen como objetivo la recuperación económica y el fin de la deflación a través de un revolucionario enfoque con "Tres Flechas": política monetaria expansionista, política presupuestaria agresiva y reformas en los mercados para impulsar el crecimiento. Se cree que este concepto proviene de una vieja leyenda japonesa en la que un noble les pidió a sus tres hijos que partieran una flecha, cosa que hicieron. Sin embargo, cuando les pidió que partieran tres flechas a la vez ninguno de ellos pudo hacerlo, y ahí nace la moraleja de la historia: las personas deben trabajar juntas para ser más fuertes
 
 
El cambio fundamental será que Japón se libre de su percepción de que los activos se deprecian y crear una sensación de que los activos se revalorizan. Conseguir este cambio en un aspecto cultural tan arraigado tendrá un efecto positivo importante en el consumo y las tendencias de inversión. La segunda flecha es un impulso presupuestario en forma de mayores inversiones en obras públicas. El gobierno aprobó un importante presupuesto suplementario, pero el gasto sigue estando limitado por el estado de las finanzas públicas de Japón. La tercera flecha son unas reformas estructurales generalizadas concebidas para reactivar la economía japonesa en el plano de la oferta, por ejemplo, haciendo más fáciles las reestructuraciones laborales y acabando con prácticas restrictivas históricas. Abe ha hablado de poner fin a algunos mecanismos de protección que benefician a los agricultores japoneses, ampliar los acuerdos de libre comercio en todo el Pacífico, mejorar la educación, aligerar normativas y abrir las empresas suministradoras del país a una mayor competencia. La mayoría de economistas estaría de acuerdo en que la clave para el éxito de Japón a largo plazo es más innovación y mejoras de la productividad. 
 
 
Inicialmente, la primera flecha de Abe —la política monetaria— ha cargado con la mayor parte del peso y los primeros éxitos han sido significativos. El yen japonés se ha debilitado frente al dólar alrededor de un 13% en lo que llevamos de año, lo que ha acentuado la competitividad de los productos japoneses. El índice de precios de la Bolsa de Tokio, el TOPIX, ha ganado un 38% (en yenes) en lo que llevamos de año, frente a la subida de casi el 9% durante los cinco años anteriores. Es justo decir que ha habido mucha menos claridad (y más atención del mercado) en las políticas de crecimiento y reformas de Abe. 
 
Los avances de Abe (y la ausencia de ellos) en materia de reformas serán mirados con lupa por los mercados en el futuro, en concreto los avances de las negociaciones en torno al Trans-Pacific Partnership (TPP), un esfuerzo liderado por EE.UU. para liberalizar el comercio en la región del Pacífico; las medidas para liberalizar el mercado laboral (incluido el aumento de la participación de la mujer); y el fomento de la competencia en el sector energético del país (con inversiones en energías renovables e infraestructuras para la importación de gas natural). 
 

Asia puede afrontar con éxito el desafío 

Corea del Sur es un excelente ejemplo de lo que las reformas pueden conseguir para revitalizar las perspectivas económicas de un país. Aunque los exportadores se vieron afectados a comienzos de este año por la debilidad del yen frente al won coreano, muchas empresas tienen unos negocios tan sólidos y unas cuotas de mercado tan afianzadas que ya han dejado de ser simplemente una apuesta por la divisa. Muchos de los grandes grupos coreanos (como empresas de telecomunicaciones, empresas tecnológicas y fabricantes de coches) se han convertido en ganadores reales que pueden incrementar su cuota de mercado en todo tipo de condiciones. En cuanto a la amenaza competitiva de Japón, los movimientos cambiarios a corto plazo tienen pocas probabilidades de provocar un cambio duradero en la competitividad. Por lo general, las empresas japonesas necesitan invertir mucho más en I+D para mejorar sus productos e innovación. Los consumidores no comprarán móviles japoneses simplemente porque sean más baratos. 
 
Así pues, los mercados asiáticos, tanto emergentes como desarrollados, se enfrentan a varios desafíos importantes. Aunque las economías emergentes se han beneficiado de los vientos favorables que han soplado durante la década pasada, incluido el boom de las materias primas, unas monedas competitivas y una acumulación de reservas en USD, estos factores otorgarán menos ventajas a medida que EE.UU. vaya mejorando su balanza comercial y sus finanzas públicas. Por lo tanto, los mercados emergentes deben seguir alejándose de los modelos económicos basados en las exportaciones y emprender reformas estructurales. Aquellos países que prosigan con las reformas deberían hacerlo bien, mientras que los que posterguen decisiones difíciles seguirán teniendo problemas. 
 
Por su parte, los inversores deben ser selectivos y prestar atención a las decisiones económicas de las autoridades para saber cómo podrían influir en la evolución de los mercados. Para entender los cambiantes rostros de Asia, hay que mirar desde el prisma de las reformas. Esto significa que un enfoque fundamental ascendente de la inversión, en el que se evalúen las oportunidades por sus méritos en lugar de verlas como piezas de un movimiento sincronizado impulsado por factores externos, es de nuevo la mejor estrategia para los inversores.
 
 


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