De tiempo, dinero, culos y cabezas

Enrique Dans:


El trabajador medio en una oficina recibe su sueldo por llevar a cabo
una serie de tareas en las que emplea su intelecto, su cerebro, un
cerebro que, cada día más, puede emplear como le venga en gana siempre
que su rendimiento en el trabajo sea adecuado.


[...] para la empresa que piensa en términos de “cadena de montaje”,
ese tipo de razonamientos suenan a “extravagancia”: son empresas que
pagan por tener el culo de un empleado sentado en una silla durante un
número determinado de horas al día: solo les falta ponerle un sensor
en la silla para así medir el tiempo que utilizan en ir al baño, en
fumar un cigarrillo o en tomar café. Ese tipo de actitudes, en los
tiempos que vivimos, son simplemente arcaicas, absurdas e
impresentables. Cada día más, las empresas optan por la única métrica
razonable: comprobar la productividad de un trabajador, no el tiempo
que pasa sentado en su silla.


[...] La métrica de “tiempo de culo” en lugar de “tiempo de cabeza”
genera empleados mediocres, carentes de compromiso, mientras impulsa a
los más brillantes a salir lo antes posible de ahí. [...]

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