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Uno de los principales problemas de los empresarios, es poder cerrar su empresa cuando esta arrastra deudas.


Seamos claros, en los tiempos de vino y rosas, nadie se plantea este tipo de cosas, empero, todo se tuerce en el momento de las vacas flacas, en donde hay que tomar decisiones, en muchas ocasiones de forma rápida.

 

Como solución a esas situaciones, nacieron muchas empresas dedicadas a la “liquidación de empresas”, encontrándose entre las más conocidas, aquella que contrataron los otrora directores de Viajes Marsans para reflotarla, y que acabó con todos los participes de esa operación condenados por un delito de insolvencia punible o Gutsen & Vergelsa, que se anunciaba en “prime-time” en varios de los medios de comunicación especializados en el ramo, viéndose envuelta en una gran polémica en todo tipo de medios de comunicación.

 

También son recurrentes, las quejas de un gran número de empresarios, que tras pactar la venta (por cantidades irrisorias) de sus empresas, a cambio que los compradores se hagan cargo de las deudas, ulteriormente alegan haberse visto “estafados”, habida cuenta de que en ocasiones, los compradores se limitan a transferir todos los activos realizables sin liquidar ninguna de sus obligaciones.

 

Esta situación es especialmente grave en casos en los que los empresarios, han garantizado personal o realmente muchas de estas deudas, toda vez que ante los impagos de los “liquidadores”, se suelen ejecutar estas garantías, que es lo que se pretendía evitar con la venta a un precio irrisorio, dinamitando completamente el prestigio del empresario, que es lo último que este debe perder, pues impedirá que pueda volver en mucho tiempo a operar en el mercado.

 

Desde mi experiencia en este tipo de situaciones, creo que lo mejor es abordar la situación desde el principio de una forma transparente y práctica, intentando minimizar los riesgos.


Ser empresario, es mucho más que dirigir una empresa, sino que implica saber en el momento en el que salir de un negocio y dejar de soportar pérdidas que a la larga pueden ser inasumibles, máxime cuando el incumplimiento de este tipo de obligaciones, conlleva una responsabilidad durísima para aquellos, que es perder los beneficios de la “limitación” de responsabilidad propia de todas las sociedad mercantiles, verse inhabilitados para volver a ejercer como empresarios o incluso acabar en prisión, como el presidente de la patronal empresarial española, máxime cuando el código penal, tras las reformas operadas por Ley Orgánica 1/2015, han venido a penalizar un gran número de conductas relacionadas con los concursos, que prácticamente han penalizado en gran medida muchas actuaciones de concursos que en otras ocasiones eran atípicas.

 

Por tanto, no cabe más que aconsejar a los propietarios o administradores de sociedades mercantiles, que tan pronto como empiecen a ver problemas de deudas o liquidez, aborden de forma rápida la situación, dado que la situación puede devenir irreversible y conllevar un gran número de problemas que obrando con profesionalidad, sin duda pueden evitarse.

 
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