Empieza ya a ser un asunto bastante cansino el de las hipotecas.
Puede que yo también resulte bastante cansino con mi visión personal.
A la norma no le pasa nada. El error está en la irresponsabilidad colectiva y en la mala administración de las libertades individuales.
A nadie obligan ni han obligado a firmar un préstamo hipotecario. Si te gusta juegas. Si no te gusta no juegas. A mi no me gusta el golf y por tanto ni juego ni miro como juegan. Existen otros deportes.
Todo hijo de vecino se apunta a rey de las finanzas para vivir como se merece, pero cuando la caga requiere protección y elude sus responsabilidades.
Al final me importará bastante poco que la garantía sea única y exclusivamente la vivienda o no. Me da igual. Si la propuesta me interesa me apunto y si no me quedo al margen.
Pero todos los que piden toda clase de garantías para el endeudado se olvidan de que nada es gratis y que no tardarían en quejarase de que bajo las nuevas condiciones nadie les prestará un céntimo. Siempre está bien ponerse en el lugar del otro. En las condiciones que establece Pau yo no soltaría un duro y de hacerlo al que lo quisiera le iba a salir por bastante más de un riñón.