Hola Boswell.
Como verás, tu no-columna se ha animado justo después de cargártela. Yo sí la leí tal como la pusiste y no quise añadir nada mas porque me pareció que te había quedado bordada. Por otro lado, 3...s, con su lucidez habitual, nos ha dado el significado semántico de la palabra tregua, que no es otra cosa que descanso o intermisión.
Uno o dos días después la retiraste y a mí me pareció que se había producido un largo e incómodo silencio en el blog. Pero cada uno, como dice germinio, hace lo que le sale de los huevos y no dije nada de esa retirada. Lo único que se me ocurrió fue salir al quite con una columna de Arturo Pérez-Reverte para llenar el hueco, darte aire y aligerar la tensión.
Después ha saltado otro toro y lo he lidiado yo, a mi estilo, de frente y sin achicarme. Me llevaré alguna cornada antes de que acabe la faena, pero no me importa. Es más, creo que hay ciertos momentos en los que hay que arrimarse de verdad, en los que no valen las faenas de aliño. La seriedad del toro o la categoría de la plaza lo exigen.
Así que, para poner al morlaco en su sitio, llevárselo a los medios y enfrentarse con él, te propongo que me mandes la columna original y yo la vuelvo a publicar. Si acaso, le subo un poco el tono ecuánime y moderado que le diste y la presento con algo más de bravura, sin afeitar, para dejar las cosas aun mas claras de lo que ya las dejaste tú.
En ciertos temas, como el toreo, cuando uno se juega la vida, o le obligan a que se la juegue poniéndole como objetivo de unas bestias salvajes, hay que dejar bien claro quien está a favor de la muerte y quien no, quien aplaude a los asesinos y quien los combate, quien los comprende y los jalea y quien, simplemente, quiere encerrarlos en la cárcel, como a cualquier otro criminal.
Creo que tu columna merece otra oprtunidad, querido Boswell.