George Orwell, quien estuvo a cargo de un territorio del imperio británico, apuntaba lo curioso que resultaba el hecho de que en el discurso se hacía ver al opresor como indipensable para el bienestar del oprimido.
Así los banqueros y las aseguradoras son tan necesarios e indispensables para la sociedad como lo eran los esclavistas para los esclavos.