Y el caso es que las mujeres lo intuyen, mi esposa me ve llegar con los ojos brillantes y ardientes de deseo y le basta con un pase de pecho y una larga cambiada para llevarme a los tercios manso y obediente, dispuesto para picado, banderillado y estoqueado.
Sabes que lo único que no tengo bronceado son los párpados, de tanto llevar los ojos abiertos los tengo completamente blancos, y las benditas mujeres lo saben, lo saben todo de nosotros, no somos mas que tontos útiles dispuestos a ser utilizados en sus pócimas y mejunques.
Pero, ¿sabes qué?, deseo ser utilizado hasta desgastarme, picado en el almirez y destilado en el alambique, seguiré siendo su esclavo.
un abrazo.