También hay que tener en cuenta que quemar el combustible en una planta eficiente y con captura de emisiones, incluyendo su posible enterramiento, es una solución bastante mejor que dejar que los repugnantes vehículos de combustión interna sigan contaminando nuestras vidas cotidianas con sus hollines, su humo, su CO2 y su ruido.
Además, hay que darse cuenta de que en unos 10 años, las tecnologías fotovoltaicas imbuidas en las carrocerías, permitirán que el propio vehículo se recargue sólo con estar expuesto a la luz.
Señores, no olviden que la ciencia avanza, y lo que hoy nos parece imposible, en pocos años es una realidad. Así que, como bien se comenta, lo mejor es ir guardando el petróleo para las aplicaciones químicas y no derrocharlo quemándolo al viento.