La desconfianza del cliente es un factor clave en el trabajo de un perito médico. A veces olvidamos que no sólo el coche se estropea y que se deben valorar los "desperfectos" en las personas. Cuesta un poco entender que los clientes-pacientes crean que les vas a engañar y traten de engañarte antes. Cuesta aún más comprender la desconfianza de las compañías en muchas ocasiones con su propio perito. A menudo, el estrés del accidente y todo el perifollo que viene después desestabiliza enfermedades subyacentes que, en realidad, no tienen nada que ver con el siniestro en sí, pero que el paciente no puede evitar relacionarlas. Conseguir que una y otra parte comprendan la situación es casi más difícil que establecer un buen diagnóstico. Algunas veces te encuentras con pacientes que ponen en peligro su vida porque están seguros de que tu insistencia en reevaluarlos es una prueba de que les quieres dejar sin indemnización. A las compañías les cuesta comprender que los gastos en diangnosticar enfermedades sin relación con el accidente les pueda ahorrar dinero a la larga.
Luego está los de los juicios: uno se siente con la carga de Frodo Bolsón, pero todo el mundo piensa que eres una especie de criatura Golum.