Totalmente de acuerdo. Pero no estoy confuso, más bien aturdido por la magnitud del enorme festín para tiburones orquestado a escala mundial y la indefensión de los apaleados que nunca estuvieron tan solos en la historia reciente.
Cuando era joven pensé que vería otra cosa. Creí que acabaría por entenderse que el hombre no sólo vive de dinero. Incluso pensé que vería el final de la esclavitud y que el hombre acabaría por ayudar al hombre.
Todo lo contrario se decidió en los refulgentes despachos occidentales, lugar donde también se decide sobre la vida y muerte de millones de personas.
Sigo creyendo en el ser humano, pero no albergo esperanza alguna.
Un abrazo.