Vivimos en una sociedad en la que está generalmente admitido que para tener éxito, para estar bien considerado, para que los demás te elogien, hay que subir al escalafón mas alto posible, hay que tener mas dinero, hay que tener mas poder.
Y también se admite que cuando uno llega a lo mas alto, esta persona se aproveche de las circunstancias para beneficiarse y obtener mas dinero, para favorecer a su familia, amigos, para favorecer a aquellos situados a su mismo nivel de riqueza y de poder, para cobrar y pagar favores… en detrimento de los demás habitantes.
Porque cuando la tarta es la misma, siempre que alguien coge un trozo mayor los demás se quedan con trozos más pequeños.
Personalmente nunca he entendido, y sigo sin entender, por qué, no todas, pero sí un elevado número de las personas que llegan a esos altos niveles se comportan de esa forma, por qué estas personas tienen ese deseo tan desarrollado de enriquecerse y de favorecer a su entorno mas cercano utilizando engaños y manipulaciones varias… a costa del empobrecimiento de los demás.
Ya les da igual pasar a la historia como grandes hombres que hicieron algo por la humanidad, su filosofía actual es la de “el vivo al bollo y el muerto al hoyo”, la de “vivir, que son días” y “a los demás que le zurzan”.
Estas personas, a las que nuestro “querido sistema social y político” facilita tanto el acceso a los más altos cargos de gobierno, empresariales y financieros, demuestran una tremenda falta de empatía con respecto a las demás personas que viven como pueden y que sufren también como pueden.
Quizás nuestra asignatura pendiente como sociedad sea la de educar hacia la empatía con los demás, la de sentir sus dolores y sus alegrías como nuestras, la de ponernos en lugar del otro, la de pensar que quizás ese hombre mal vestido buscando algo en el contenedor de la basura, esa persona en silla de ruedas por un accidente… ese hombre, esa persona, pudimos se nosotros. Y pensar también que esa persona que salvó la vida de otra que se iba a suicidar, esa mujer que trabaja y dedica su vida a ayudar a la población de una pequeña aldea africana… esa persona, esa mujer, también pudimos ser nosotros.
Las personas que nos gobiernan, que rigen nuestros destinos sociales y económicos, tienen una enorme carencia, la carencia de poder ver a los demás como a sí mismos, una carencia que le han quitado la posibilidad de una vivir una vida mas plena, sin el elevado grado de egocentrismo que tanto daño hace a tantas personas.
Si pudiéramos multiplicar el daño realizado por el número de personas afectadas y lo convirtiéramos en euros, posiblemente esa cantidad fuera bastante mayor que la deuda que dicen que les debemos.
Es posible que no podamos cambiar a corto plazo esta fallida y desastrosa actitud mental de nuestros dirigentes hacia los ciudadanos, pero sí podemos, sí podemos, trabajar para que cambie lo antes posible.
Una de las vías para evitar que esta situación se prolongue en el tiempo podría ser realizar con urgencia una reforma educativa que introduzca en las escuelas un enfoque distinto de la enseñanza, un enfoque que de mas importancia a la gestión de las emociones y desarrolle desde la infancia la capacidad de intentar comprender mas y mejor las actitudes y comportamientos de los demás, de poder sentir lo que ellos sienten, de empatizar.
Quizás no podamos cambiar nuestro mundo, pero quizás podamos cambiar el mundo de otros, de nuestros hijos, de los que vengan.
Inspirado por:
Redes 49: “Educar para fabricar ciudadanos”
http://www.redesparalaciencia.com/1784/redes/2009/redes-49-educar-para-fabricar-ciudadanos