Una alteración de la frecuencia relativa de impactos alcistas/bajistas puede desencadenar una estampida que se espolee a sí misma. La manada, sin embargo, no es creativa ni reflexiva, sino inercial. ¿Quién detiene, entonces, a la manada? Y, al revés, ¿quién mantiene a la manada trazando un mismo rumbo durante un año por ejemplo? El ruidoso comportamiento de los noisy trader que reaccionan al ruido y el comportamiento en manada explican bastantes facetas del comportamiento bursátil, pero no es suficiente. A una escala más grande los caóticos movimientos de la cotización y sus estampidas están muy influidos y casi determinados por dos fuerzas:
• La variación del Valor. Si el Valor no varía la cotización es libre hasta cierto punto para dar tumbos sin rumbo. Si el Valor cae, la cotización cae. Si el Valor sube, la cotización sube.
• La distancia entre la cotización y el Valor. A una distancia entre cotización y Valor del 10% la cotización siente poco la
fuerza del Valor; a una distancia del 100% es fortísima la fuerza de atracción.
No existe una mente del mercado, sino un conjunto de inversores que hacen lo que pueden. En las cotizaciones no hay más información, sino menos información que en la realidad, pues una cotización es información distorsionada y burdamente traducida por un mecanismo caótico (el mercado, la manada del caos).
Cuando se puede determinar la evolución del Valor no se observa un verdadero liderazgo de la cotización respecto al rumbo a seguir. Es imposible distinguir en un gráfico si detrás de un movimiento hay un grupo de locos especuladores o un grupo de sensatos inversores. El único liderazgo que ejerce la cotización es el de espolear a la manada.
La mente del mercado es una de las supersticiones más extendidas sobre la bolsa.
“El Mercado nos quiere decir algo, ¿qué nos querrá decir el Mercado?”, como si el Mercado estuviera preñado de un mensaje que nos haría ver la luz, o como si sus torpes balbuceos fueran mensajes cifrados, así o de otras formas se suele expresar esta superstición del Mercado como mente omnisciente. La cotización, sin embargo, no va por delante adelantando acontecimientos, sino que 1) no va por delante ni por detrás, sino que –completamente perdida, estampida va, estampida viene- no sabe a dónde va; 2) la cotización evoluciona al mismo tiempo que la evolución del valor y 3) la cotización va a la zaga, por detrás del valor y se ven descuentos del 100%.
En la bolsa actúan grupos de inversores o negociantes que están movidos por el deseo de comprar barato y vender caro.
El juego entre las dos fuerzas del valor -la evolución del Valor y la distancia entre la cotización y el Valor- es el juego de los inversores o negociantes.
Los negociantes que actúan en la bolsa tienen en común que les interesa, desarrollan y usan dos o tres de las siguientes habilidades:
• La habilidad de ver si el negocio de una empresa mejora o empeora. Si el negocio empeora, entonces la cotización tiende a caer-recuperarse-caer. Si el negocio mejora, entonces la cotización tiende a subir-corregir-subir.
• La habilidad de captar el guión de la película (story): la sucinta historia que cuenta la evolución de los estados financieros de una empresa. Es muy llamativo lo poco que sabía Peter Lynch de valoración de empresas, pero, a cambio, era un genio a la hora de captar el meollo de la evolución del Valor en un par de frases.
• La habilidad de juzgar el precio en relación al Valor. Para juzgar el precio en relación al Valor no es necesario saber justificar el Valor o disponer de un buen modelo de valoración, de hecho hay negociantes que a ojo y con un poco de esmero encajan en un gráfico una Línea de Valor que les sirve de guía.