Ah, David, David...Ahora que lo dices, me lo imagino en el Titanic. No, no se hubiera salvado, (casi) estoy seguro. Habría acompañado a su compañera a alguno de los botes y se hubiera vuelto al bar, con alguno de los millonarios, a fumarse el último par de cigarros y beberse la última Mahou (cinco estrellas, of course), lamentando probablemente que los de la orquesta, tan finos y elegantes, no se supiesen ninguna de sus canciones favoritas.