Vamos a ver. Sin que yo justifique las declaraciones de Adolfo Domínguez, o la actuación de ese impresentable llamado Díaz Ferrán, que parece puesto por los sindicatos para perjudicar la imagen de los empresarios, tengo que decir un par de cosas.
Primero. Te he leído ya muchos posts argumentando desde todos los puntos posibles, que bajar los sueldos es muy malo para la economía, y que lo bueno es subirlos para que se consuma más, y las empresas consecuentemente vendan más y vayan mejor. Eso se lo he oído yo también a Cándido Méndez.
Este es un típico argumento que parece que es lógicamente correcto pero en la práctica es una solemne tontería.
Y te lo explico con un ejemplo.
Imagínate que un día estás arreglando una ventana, y tienes la mala suerte de hacerte un buen corte con un cristal. Te vas corriendo al hospital porque estás perdiendo mucha sangre. Y allí el médico que te atiende, te mira y te da unas pastillas con un complejo vitamínico y contenido en hierro, para ayudar a que recuperes la sangre que has perdido. Tú le dirás: yo no digo que las pastillas esas sean malas, es más, puede que sean las mejores para regenerar la sangre, pero como no me cosas la herida, en cinco minutos me voy a morir desangrado.
Pues tu propuesta equivale a esas pastillas. Aquí no estamos hablando de políticas a largo plazo, ni de decisiones macroeconómicas. Se trata de sobrevivir. No conozco a ninguna empresa, a ninguna, que proponga bajar el sueldo a sus empleados, y que esté ganando dinero, aunque sea una cantidad ridícula. El despedir a gente, o congelar o bajar los sueldos, son medidas para intentar no cerrar, a la desesperada. Porque esas medidas tienen muchas consecuencias negativas para la empresa, que cualquier empresario sabe.
El año pasado cerraron 2400 grandes empresas en nuestro país. Y si hablamos de pequeñas empresas, el número se eleva a cientos de miles. Esto no es un dolor de cabeza que se va con una aspirina. Es una carnicería, que hay que tratar desgraciadamente con amputaciones y medidas muy desagradables.
La economía de salón es muy bonita, y las medidas lógicas funcionan a la perfección en el papel, pero si te enfrentas a la encrucijada de , o bajar tus costes dramáticamente, o cerrar tu empresa , lo intentas todo. Esa es la única realidad que veo.
Después, castillitos en el aire, hechos por gente que no ha llevado nunca el día a día de una empresa, están muy bien, pero yo aconsejaría bajar a las trincheras y oír los tiros sobre tu cabeza, antes de seguir teorizando desde la retaguardia.
Un saludo.