Vamos a ver: es evidente que el rescate bancario (y lo que queda por venir) ha sido una tomadura de pelo sin precedentes. Pero no es menos evidente que sin ese rescate sí hubiéramos conocido el apocalipsis o algo muy cercano al fin del mundo.
¿Se imagina alguien el escenario si de repente un par de los grandes bancos anuncian que han perdido el dinero y que no recuerdan dónde? Las avalanchas en las puertas de las oficinas bancarias serían dispersadas por las fuerzas del orden, correría la sangre y al final el ejército impondría el toque de queda en nuestras calles. Y a partir de ahí hambrunas y disturbios generalizados.
El problema ha sido no intuir que la dependencia del sistema bancario nos llevaba a todos a la ruina. Se trata de aprender de los errores para que en un futuro un banco no pueda caer, y si lo hace, lo veamos todos en televisión, unos con preocupación, otros con una sonrisa de oreja a oreja. Pero siempre sin repercusiones económicas.