Parece que en este caso, el efecto multiplicador del dinero nos juega una mala pasada debido a la avaricia de un sector, el financiero, con pocos escrúpulos a la hora de elegir las vías de obtener rentabilidad con los fondos de sus clientes.
Si bien, dada la actual coyuntura económica y financiera, las intervenciones estatales para salvar a determinadas entidades financieras pueden llegar a ser necesarias a la par que admisibles (no creo que vayan en contra de la doctrina neoliberalista siempre y cuando estas injerencias sean puntuales y razonables), creo que éstas no deben, bajo ningún concepto, prestarse de modo gratuito, es decir, a fondo perdido o sin una posterior supervisión por parte del Estado para cerciorarse de que se hace un uso correcto de los fondos que éste ha prestado para evitar que se repitan casos como los de Fortis con el lujoso evento que organizaron en Mónaco.
Un saludo.