Señor Jaime, le felicito el santo.
Verá usted, España existe democráticamente hablando desde hace escasos 30 años. De todos esos años la inmensa mayoría hemos estado en déficit y pese a ello hemos podido generar épocas de bonanza como la que ahora dejamos atrás.
Por otro lado, siendo profesional del sector financiero debo matizar lo de que los bancos ya no ofrecen créditos: es más bien que los clientes no pueden pagar las cuotas propias de estos tipos. Sepa usted que en este país, precisamente para evitar sub-primes, no se conceden hipotecas que representen más del 80% de la tasación y que tengan una cuota superior al 40% de los ingresos. Teniendo en cuenta que el 40% de los ingresos de una pareja estándar en nuestro mileurista país son unos 800-1000 euros, esa pareja estándar sólo podrar conseguir 180000 euros a 40 años y con eso no se compra ni un estudio en ninguna de las grandes ciudades.
Además sucede de que los clientes ahora prefieren esperar a comprar porque piensan que dentro de unos meses los pisos serán más baratos y los tipos de interés habrán bajado.
Esto es tan obvio como ya lo explicaba Minsky: cuando los tipos están bajos empresas y particulares compran por encima de sus posibilidades (me resulta curioso que yo vaya a trabajar en mi Ibiza y la mujer de la limpieza de la oficina en su Alfa), entonces sube la inflación, los banco centrales suben los tipos para contenerla y los endeudados por encima de sus necesidades se pillan los dedos.
Es un mecanismo necesario para los que manejan la bolsa ya que se gana más en los dientes de sierra que en una subida continua: la gente está pillada, por pánico y necesidad malvenden para obtener liquidez, los que ya tenían comprar más en estas rebajas pero cuando el consumo empiece a disminuir y los grandes se hayan inflado a acumular, empezarán a bajar de nuevo los tipos de interés para reactivar la economía y los activos volverán a sus máximos. Aprovechando las subidas y los tipos bajos, la gente volverá a pillarse los dedos y así sucesivamente.
Es necesario, previsible, inevitable y hasta representa una excelente oportunidad para aquel que lo quiera ver. Así que no hace falta lloriquear ni predecir el apocalipsis.
¿Esperábamos subir eternamente?
¡Venga, hombre!