Esto me recuerda a las reacciones producidas en el 'caso Mari Luz', asesinada por un demente que estaba condenado por sentencia firme y andaba suelto por ahí.
Muchos se lanzaron en un primer momento a exigir cadena perpetua o penas más largas. Al final, lo que está quedando claro es que el problema es el desastre organizativo, de bíblicas proporciones, en el que anda envuelta la justicia. Bajas no cubiertas, jueces que no supervisan, ordenadores prejurásicos, leyes procesales decimonónicas, etc.
¿Qué más da una cadena perpetua que una condena a ocho años, si no se ejecuta? Recordemos que el Código Penal vigente es del 1995, mientras que la (remendadísima) Ley de Enjuiciamiento Criminal es de 1882 (!)
Ah, y gracias por la cita, que me ha permitido conocer tu interesante blog.