Como veo que tienes muchos más apoyos de los que pensaba que ibas a reunir, voy a hacer lo posible por fastidiarte el invento. Hoy estoy especialmente destructivo. ¡Qué le vamos a hacer!
Creo que te has metido tres platos de fabada acompañados de medio metro de pan. Es una droga excelente, pero lo único sensato que se puede hacer tras semejante hazaña, es dormir una espectacular siesta hasta la hora del Telediario.
A cualquiera de nosotros nos pueden salir las cosas torcidas. La mala suerte y los accidentes existen realmente, pero todos sabemos que la inmensa mayoría de los males no proceden de ahí.
En primer lugar te olvidas de que el zorro no está diseñado para cuidar de las gallinas, sino para comerlas. Lo que le ha pasado al zorro en esta ocasión es que se ha pasado de vueltas y ha caído en su propia trampa.
Me temo que la única solución para más de uno, sería formatearle el disco duro e instalarle un nuevo sistema operativo, acompañado de un programa de educación financiera para la ciudadanía, en el que se enseñen los peligros del endeudamiento irracional y las puñaladas financieras que reparten ahí fuera, acompañado de alguna advertencia como la que se hacía en la comisaría del Capitán Furillo: “Tengan cuidado al salir”. Lo malo del asunto es que la ciencia no ha avanzado lo suficiente y los que se encargan de la educación están ocupados en otras cosas.
Bien se podría establecer la incapacitación judicial previa para el endeudado, de forma que se secuestren sus recursos y se vayan liberando a medida que va cumpliendo con sus obligaciones. Lo malo es que los administradores concursales tienen la mala costumbre de cobrar y bastante, y puede que los recursos del incapacitado no den para tanto. Tampoco me gustaría demasiado estar sometido al cuidado de mi banco.
Y por último respecto a la obra social, aunque no estoy en condiciones de demostrar nada, tengo la impresión de que su actividad está volcada en diversos mamoneos, aunque entre mamoneo y mamoneo puede que se escapa alguna buena acción.