Sin embargo para mí ambos casos se parecen como un huevo a una castaña. El legendario Pepe (¿veinte años, tanto?) actuó por su propio interés, como las personas sanas. Es un ladrón, eso sí, pero no entraña peligro para la sociedad.
El otro tipejo esconde su mala condición bajo el disfraz del idealismo, el mismo disfraz en cuyo nombre se han cometido las mayores atrocidades de la Historia.