No le queda otra al infeliz acreedor que esperar a que se produzca el gran día, para él.
Claro que para cuando llegue el día señalado en la agenda del sufrido acreedor, con la colección de aves carroñeras que revolotean sobre el producto: cobradores de comisiones, gestores que no gestionan una mierda o lo hacen para otros, colocadores de vajillas y demás cuatreros; para cuando le llegue el momento al sufrido acreedor no van a quedar ni las telarañas.
No obstante para el hipotético supuesto en que algún patrimonio logre sobrevivir, me se ocurre crear una nueva línea de negocio: el mercado negro secundario de plantes de pensiones. Señor o señora mayor vende derechos consolidados a módico precio.
Pido respeto para su señoría. Al menos éste ha sido prudente y ha preferido consultar previamente.
Librenos la divina providencia de las señorías aficionadas a las sentencias innovadoras y a la interpretación discrecional de la ley.
Del TC mejor no digo nada.