Al final va a resultar que estamos de acuerdo en lo fundamental.
En primer lugar he de confesar que soy usuario habitual de tarjetas de débito. Cuando digo tarjetas me refiero a únicamente dos. Por si falla una de ellas.
Considero de gran utilidad las tarjetas de débito porque también soy partidario de transportar poco dinero en metálico, sólo para satisfacer mis pequeños vicios diarios. Para el resto de compras prefiero utilizar el plástico.
No obstante me parece importante tomar algunas pequeñas precauciones con las tarjetas de débito, para evitar sorpresas desagradables:
1.- Debe ser gratuita y por tiempo indefinido. Las entidades bancarias nos las colocaron en un primer momento bajo la condición de que su uso no nos obligaba a soportar gasto alguno. Todo ventajas. Nosotros nos ahorrábamos visitas al banco y ellos reducían el número de clientes metesaca, necesitarían menos empleados en la caja, el cajero automático se encargaba de prestar servicios veinticuatro horas al día durante todo el año, sin vacaciones ni salario y cobraban a los comerciantes y grandes superficies las oportunas comisiones. Una vez que crearon la dependencia, algunos bancos optaron por limitar el acceso a determinados cajeros vía comisiones y adquirieron la mala costumbre de cobrar por la tenencia y uso de las tarjetas.
2.- La cuenta bancaria a la que está vinculada la tarjeta de débito debe contar solamente con el saldo necesario para las necesidades habituales más un determinado margen de seguridad que cubra los imprevistos que puedan surgir. Con ello se evitan los problemas que puedan surgir ante situaciones de pérdida, hurto o similares y al mismo tiempo se reducen las tentaciones de realizar compras quizás no tan necesarias. Una forma recomendable de mantener un saldo no demasiado elevado sin quedarse tieso, es realizando transferencias periódicas en fechas determinadas.
Y ahora voy contra las tarjetas de crédito:
1.- Aunque existe alguna que es gratuita, la mayoría no lo son y tienen unos costes mucho más elevados que las de débito, tanto por emisión como por mantenimiento o renovación.
2.- Es cierto que su gran ventaja es el pago a fin de mes, pero a la mayoría de la población, con modestos ingresos y por tanto escasa capacidad de gasto, esta modalidad de pago sólo le va a reportar unos modestos céntimos en beneficios que incluso pueden ser muy inferiores al importe de los gastos que genera la propia tarjeta.
3.- Si la llevas en tu cartera y no la usas con frecuencia, puede que no le eches en falta en quince días y para entonces pueden haberte ocasionado un destrozo importante. Dudo que en ese caso tengas cobertura del seguro, al no haber denunciado el hecho con inmediatez suficiente.. Con el débito ese posible daño se reduce notablemente ya que sólo te podrán desplumar con el saldo de tu cuenta.
4.- Es cierto que tienen unos seguros más generosos que los de débito, pero los importantes sólo se cobran si te meten en una caja de madera (y los cobrará otro) o te quedas considerablemente retorcido (algo que a nadie le apetece demasiado).
5.- Lo del revolving me suena a colocar unas balas en el tambor del revolver y disparar a la sien. Allá cada uno con sus aficiones.
Entiendo que algunas personas por razón de su actividad, por ejemplo un transportista o un representante de comercio que soportan gastos importantes en concepto de carburante, comidas, hospedajes..., pueden rentabilizar el pago aplazado a treinta días y beneficiarse de la devolución del importe de un porcentaje de las compras que realicen, pero siempre teniendo en cuenta que la diferencia entre los beneficios y los gastos sea favorable.
Débito sí, crédito ni hablar, al menos para la mayoría, pues no aporta nada o casi nada.
Pido disculpas por el rollazo y espero que mi banco no me diga que no intereso como cliente.
El Gallina