Yo también he ido de pedigüeño por varias entidades financieras y me identifico plenamente con lo leído en el artículo.
Entiendo perfectamente la negativa de la entidad, pues el dinero es suyo y es su soberana decisión, pero también me parece bastante feo responder con un único monosílabo que puede cerrar la puerta a una posterior relación. Aunque no estuvieran obligados a ello hubiera agradecido una breve explicación razonada.
Peor todavía es peor escuchar el "si quiero" y después de solicitarte la aportación de una montaña de papeles y una vez que han podido comprobar la veracidad de las afirmaciones que se habían realizado previamente, se escaquean del compromiso con absurdas excusas.
Tampoco he sido capzaz de comprender la absoluta inflexibilidad: éstas son las nuestras rigurosas exigencias y no estamos dispuestos a salirnos de nuestra casilla ni un sólo milímetro.
Du problema es que ningunean al cliente o posible cliente, al que tratan con absoluto desprecio. Se gastan un dineral en campañas publicitarias, para captar nuevos clientes y finalmente ni siquiera son capaces de conservar los que ya tienen, por sus pésimos modos de actuar. El canal de venta no es el problema, son sus formas.
Pero lo más sorprendente es que después del primer no rotundo, se me ocurrió realizar un segundo intento pasado un tiempo y todo fue sobre ruedas. La relación dura ya varios años e incluso me ha salido un poco más barato de lo que me habría costado en el primero. ¿Será que no se enteran?
Recientemente me ha ocurrido algo parecido con una compañía telefónica, pero en esta ocasión es a ellos a quienes les ha salido todo mal. Esta vez era yo el que ponía el dinero y el que tenía la sartén por el mango. Tarde y mal han reconocido su error y por su tozudez han perdido el cliente.