A partir de cierto nivel de ingresos ser un asalariado no tiene mucho sentido.
A cambio de una teórica seguridad laboral -que consiste en una indemnización por despido según la antigüedad en la empresa- y de un derecho a un paro -que incluso en su importe máximo es ridículo comparado con el sueldo cobrado-, se paga mucho más en impuestos y en Seguridad Social.
Y esa segunda parte es la gran desconocida, la mayoría de los asalariados no saben que su empresa paga más de un 30% de su salario a la Seguridad Social.