En mi opinión cuando se trata el tema fiscal casi siempre se olvida que tiene dos caras. El problema en España no es que los impuestos sean altos, el problema es que lo que se recauda se gasta muy mal.
La auténtica revolución fiscal sería una que permitiera racionalizar el gasto e impusiera los principios de austeridad y transparencia en todo el gasto público.
Cada uno tendrá sus preferencias, yo personalmente sueño con el día en que se eliminen totalmente las subvenciones y premios a la creación artística y similares. Quizá no es mucho dinero, pero es un buen sitio para empezar por lo absurdo que resulta que el Estado decida qué arte y qué artistas son buenos.