Al capítulo como tal no le veo mucho sentido, la situación no tiene salida posible más allá de la reducción de daños (como dicen antes: conseguir algo de dinero para por lo menos saldar las deudas con los familiares).
Lo que sí considero interesante del capítulo es la lección que nos muestra sobre nuestra crisis económica actual, perdón, desaceleración. Se nos ha repetido hasta la saciedad que su origen está en la avaricia extrema y en los sofisticados instrumentos financieros que unos malvados capitalistas de traje y sombrero de copa han urdido. Sin embargo, vemos cómo un par de personas (que siendo buena gente, son absolutamente analfabetos financieros) pueden dejar un agujero descomunal que no sólo les afecta a ellos, sino a su entorno (120.000 euros a padres, 200.000 euros al dueño de la masía, etc). Impresionante que gente incapaz de echar sus propias cuentas haya ganado los sueldos que han ganado por administrar y gestionar las cuentas de otros, yo pensaba que esto sólo pasaba con los políticos, pero está claro por qué nos salen los políticos que nos salen, si resulta que la gente de la calle funciona igual.