Según mi experiencia la mayoría son buenos y muchos son excelentes, llevando sus juzgados perfectamente en la cabeza (como dicen de Fraga Iribarne), pero hay unos pocos que, sinceramente, les falta preparación, interés por prepararse y capacidad decisoria. En las manos de estos últimos, los juzgados serán una continuada dilación de decisiones donde la economía procesal brillará por su ausencia.
Supongo que en todas las profesiones tiene que haber garbanzos negros.