La cantidad y calidad de los datos personales que, de un modo u otro, llegan a aparecer en un expediente judicial es abundante, y algunas veces de naturaleza íntima.
Si a eso le sumamos el carácter objetivo que, de facto, se atribuye a la responsabilidad por custodia de ficheros,(incluso los que los periodistas-basureros buscan en los contenedores), hace que la renuencia a dejar "ver" los expedientes en su totalidad es más que comprensible.
Otra cosa es que el sistema debiera cambiarse, pero por desgracia es el que es, gracias a De la Oliva y otros prácticos como él.