Muy bonito eso de reducir el gasto público congelando sueldos y aumentando la eficacia, pero creo que es más bonito que la dura realidad.
Realidad uno. Que a los altos cargos les reduzcan el sueldo no es más que el chocolate del loro, ya que sus gastos son sólo una pequeña parte del gasto total. Y, puesto que no son tontos, ya se lo cobrarán por otro lado, sea mediante dietas, "asesoramiento legal" a empresas, o sencillamente poniendo el cazo más si cabe.
Realidad uno. Como funcionario que soy (Profesor de Universidad), me toca mucho las narices que todo el mundo piense que, como tenemos sueldo fijo, mejor ni nos quejemos.
Pues bien señores, para ser funcionario me pasé como 8-9 años de estudios universitarios (doctorado incluido), y luego casi cinco con contratos de un año. Todo para luego oír la tontería esa de "qué suerte tienes, hijo". ¿Suerte? Pues quien me envidie la suerte, no tiene más que seguir mis pasos, sacrificar una década larga de tu vida, y bingo.
Realida dos, bis. Dicho eso (más como alivio personal que otra coas), hay que recordar que los funcionarios hacen cosas. A despecho de los tópicos sobre el cafelito y los moscosos, lo cierto es que la Administración Pública está llena de personas que trabajan por un tubo. Si queremos reducir su número, vale. Pero luego no nos quejemos si las colas de Sanidad o Justicia se alargan, si la Policía no puede venir a separar a esos borrachos porque carecen de efectivos, si los institutos siguen abarrotados de alumnos o si las autovías siguen con baches.