Vaya, Fernan2, qué mala suerte. Espero que os mejoréis todos pronto. Nosotros también tuvimos nuestras sesiones de médicos, aunque nada comparado con eso. Antón, de la misma edad de Bárbara, se cogió una traqueo-bronquitis, una cosa de tipo alergénico, como el asma -será por la contaminación de la zona de Avilés-. Así que tuvimos que ir todos los días de la semana pasada a la pediatra de cabecera -eso sí, sin ninguna cola salvo que fuéramos a última hora, con cita programada y, alguna vez, la pediatra esperando por nosotros, a primera hora-. Y en el centro de salud.
Tocó darle ventolín, con esa especie de trompeta que cualquier familiar de asmático conocerá, que no le hizo ninguna gracia. El caso es que el fin de semana teníamos reservada casa rural en el P.N. Peneda-Geres, en el norte de Portugal, y como ya iba mejor allá nos fuimos. Aprovechó el viaje para cogerse una buena diarrea. A la vuelta veníamos comentando que parecía que se le iba pasando, no lo echó todo nada más comer; en esto me vuelvo y veo que tiene la cara toda manchada de chocolate. Pero, ¡si no traemos chocolate! ¿Cómo es posible? Pues sí que se había cagado, se le había salido del pañal, se untó las manos y se las llevaba a la boca.
Eso sí, siempre estuvo tan divertido, risueño y ajetreado como de costumbre, o incluso más, porque el ventolín es excitante.