Genial, como siempre. Me alegra ver que regresas de las vacaciones con la escopeta cargada de balas que llaman a las cosas por su nombre.
Teniendo en cuenta tu artículo se me ocurren algunos comentarios:
En primer lugar considero que hay que tener muchos grillos en la cabeza, para embarcarse en semejante aventura hipotecaria con un sueldo de mileurista. Espero que este comentario no moleste a nadie. Mi única intención no es otra que hacer una valoración de un riesgo y que cada cual tome sus decisiones.
Respecto a los que se dedican al negocio de ofertar hipotecas basura, al tratarse de una actividad lícita, supongo que nada se les puede reprochar. Son unos listillos que hacen su negocio y son conscientes de los riesgos que asumen.
En cuanto a los hedge funds, lo mismo. Saben donde se meten y sus partícipes también deberían saberlo.
Pero ahora vamos con los fondos de inversión corrientes en los que está la gran mayoría que sólo buscan seguridad y una rentabilidad moderada. Se venden como tales y se dedican a comprar para su cartera ciertas “mierdas empaquetadas”, con el objeto de mejorar un poco la rentabilidad del fondo y así captar nuevas víctimas con mayor facilidad. Sus grandes analistas toman decisiones alegremente con el dinero de otros y se embolsan una pasta. Y si sale mal se le echa la culpa a las agencias de calificación, pero no le perdonan la comisión al partícipe. Y entonces me pregunto: ¿para qué están ellos?
La moraleja es que el cliente les importa un carajo, sólo es un pardillo al que hay que exprimir con fabulosas comisiones y como muestra de agradecimiento se le obsequia con “mierda empaquetada”.
En estas batallitas en las que nos metemos estamos sólos. Cada vez estoy más convencido de que la única solución es el bricolaje (háztelo tú mismo). Para ello contamos con tus desinteresados cursos de formación. Y cuando la caguemos al menos nos habrá salido más barato y habremos aprendido mucho más.
Un saludo.