Son los amos del mundo y los demás los presuntos culpables o más bien los que ya estamos condenados de antemano.
Nuestra condena comienza desde el momento en que nos vemos obligados a pargar el estúpido canon.
Puede que sea muy raro, pero hace muchos años que no compro música. No porque no me guste, sino porque tras escuchar lo mismo un par de veces me aburro. No sé como funciono el EMULE y tampoco tengo excesivo interés en aprenderlo.
Cuando tengo interés en un libro, tengo la mala costumbre de comprarlo, porque no me gustan las fotocopias y tampoco leer en exceso en la pantalla.
Y si hablamos de cine. Se llevan la subvención del ministerio, de la CC.AA. de una tv pública y del alcalde de turno al que cobran por enseñar su pueblo. Si además no han sido del todo ineptos y han conseguido no fabricar un vodrio, el resultado es que el público es agradecido y también se llevan algo de la taquilla.
Pero ellos son los guais, los que detentan la cultura y los defensores de las libertades y derechos de los ciudadanos. Ellos lo son todo y los que no estmos de acuerdo, somos los analfabetos reaccionarios.
Y como no la SGAE, el máximo exponente de la cultura hispánica, envía de vacaciones a ultramar al niñato macarra de turno que se rie de todo el mundo o mas bien debería decir, la SGAE reunida en asamblea se rie de todo el mundo.
A pesar de todo tendré que seguir pagando canon, por todos los artefactos que utilizo para reproducir o guardar mis gilipolleces, porque ningún gobierno pasado presente o futuro me ampara, pero a ellos sí.
Como todos sabemos que hay individuos aficionados a la chapuza clandestina, propongo un canon para todas las herramientas que se venden en las tiendas de bricolage, para compensar a los profesionales que resultan perjudicados.